Nunca nos subestimó. Nos habló en lunfardo de cosas complejas y con palabras pretenciosas contó secuencias de esquina. Hizo bailar a los filósofos y leer a los ladrones.
A mí lo que sinceramente me parece fascinante es que sea un fenómeno tan imposible de ser globalizado, traducido a otras latitudes. Es nuestro. A nadie más le importa. Todo nuestro. Un tesoro enterrado en el fin del mundo.
Hoy llora un pibe en la villa, una chica en la facultad, un laburante precarizado, un intelectual, un preso, una maestra, un desocupado, una ama de casa, un borracho y un ex ministro. Lo lloramos y sabemos que el asunto está ahora y para siempre en nuestras manos.
La foto de la que habla el mundo.
Tres soldados israelíes se sacan una selfie mientras se llevan a una madre e hija palestinas con los ojos vendados.
A ellas jamás se las volvió a ver.
A ellos te los cruzás de vacaciones, en las playas de Brasil o la Patagonia.
@CorredoresAR desastre de servicio.
Es imposible pagar cualquier tipo de factura. No responden por teléfono ni mail, y mientras tanto el telepase bloqueado. Asco de empresa.
Dozens of Palestinian children have been unable to go to school in the Israeli-occupied West Bank this week because of a barbed-wire fence villagers say was put up by Jewish settlers across the path they normally use https://t.co/Jiz5eDlsDu
I truly think this was a generational casting mistake
Alan Rickman's Snape IS Snape
Adam Driver could have played the most significant, and emotional role of his life. Not only as Snape, but as an actor perfectly suited to fill the shoes of Alan Rickman's Masterpiece
"greasy-haired man with a pale, sneering face”
“stringy, pallid look about him”
“sallow skin, a hooked nose and greasy, shoulder-length black hair”