Romantizar este tipo de practicas es un grave error.
En España hemos construido un sistema con una serie de normas básicas, en este caso en cuanto a seguridad alimentaria.
Te damos la oportunidad de venir y probar suerte, si no te gustan nuestras normas y actúas tal como harías en tu tierra de origen, te vas de vuelta a tu país, por respeto al país que te acoge y a los profesionales de ese área, tanto españoles como extranjeros.
Pueden parecer nimiedades, pero en el fondo no lo son, es competencia desleal a parte de un problema de higiene, y no son un par de casos aislados.
Está amaneciendo una época dorada para el hacktivismo cívico basado en datos.
Ya no hace falta tener grandes conocimientos técnicos e invertir meses. La IA nos turbopropulsa y acelera el desarrollo de herramientas útiles para visualizar, explorar y entender lo que sucede en lo público.
La sentencia del caso Bárcenas tiene 664 páginas. Una tras otra, miles de líneas de texto, negro sobre blanco. Una barrera de entrada alta. Un peaje que solo investigadores, especialistas, académicos y algunos periodistas podían pagar. El resto leen en diagonal. O consumen el resumen de los medios de comunicación …y sus sesgos.
Pero los documentos ya no se «leen». Ahora se exploran. Se visualizan. Y esto lo cambia todo.
Una sentencia, un pliego de prescripciones técnicas, una resolución administrativa, un auto. Ya no son un muro PDF. Ahora son modelos de datos. Grafos de relaciones. Se les interroga. Hay interactividad. Hay exploración.
La Administración es la gran fábrica de datos. Ahora tenemos herramientas para procesar a escala estos datos y extraer de ellos conocimiento útil.
De aquí nace una nueva actitud cívica; una nueva forma de relacionarse con lo que es público, con lo que es de todos. Y con la complejidad.
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Lo que la pobre Beatriz confunde es su rechazo con un juicio sobre el rito, cuando su rechazo es solo un dato sobre ella misma.
Soy catalán y vivo en Andalucía, buena parte del tiempo perdido en la nada del enorme término de Almonte. Soy historiador de la Antigüedad y antropólogo.
Lo primero que se aprende en este oficio es a separar dos cosas que la gente confunde sin parar: la sensación que algo te produce y lo que ese algo significa. Podemos estar en las antípodas sin desdén porque no es una contradicción que tengamos que resolver.
Lo que desde fuera parece caos, violencia y descontrol es en realidad un mecanismo altísimamente estructurado para producir solidaridad social a través del cuerpo y la emoción. La gente no se agolpa a pesar del rito; el agolpamiento es el rito. Lo que el espectador moderno —higiénico, individualista, alérgico al contacto y a la pérdida de autonomía corporal en una masa— lee como barbarie es precisamente la dimensión encarnada de la religión, esa que Occidente lleva siglos intentando domesticar y volver decorosa.
El salto de la reja es el ejemplo de manual de la efervescencia colectiva de Durkheim. El salto es un acto ritual de posesión y pertenencia. Una vez al año, el pueblo de Almonte reclama físicamente a su Virgen de manos de todos los demás —de las hermandades filiales, de los forasteros, de España entera— y afirma un pacto: Ella es nuestra.
Yo no puedo tocar a la virgen aunque tenga tierra en Almonte. Al menos no sin permiso. La "apropiación de los almonteños" es, vista por dentro, lo más coherente del asunto. No es una corrupción del rito: es su gramática.
La contestación, el forcejeo, el monopolio que indigna a los de fuera son la forma misma en que se dramatiza ese vínculo. Turner lo llamaría communitas en estado liminal; la romería suspende la estructura social ordinaria, y el salto es el instante incandescente de esa suspensión.
Y aquí está la gran paradoja del catolicismo popular, que es lo que de verdad escandaliza al laico ilustrado sin que sepa nombrarlo: la Blanca Paloma no es "la Virgen" en abstracto. Es una entidad local, de marisma, de Almonte. Lo cósmico hecho parroquial que organiza @hdadmatrizrocio sin poder gestionar del todo porque siempre le va a superar.
Esa reducción de lo universal a lo propio es exactamente lo que el universalismo urbano no tolera, porque lo vive como provincianismo, pero es uno de los mecanismos más antiguos y eficaces que tiene el ser humano para habitar el mundo.
Buena parte de ese horror progresista hacia la religiosidad popular andaluza no es tan nuevo ni tan crítico como cree: recicla un viejo prejuicio —el de la España "culta" mirando por encima del hombro a lo cañí, a la España profunda, a Andalucía como folclore vergonzante—. Es la visión de la metrópoli sobre la colonia, que dura más de tres mil años.
Ese clasismo y ese desprecio territorial no es de izquierdas, Beatriz, así que mejor vigila tus incoherencias.
Yo vivo en ese umbral, pero por la parte de fuera. Mi finca está en esa misma franja de transición entre marisma y monte mediterráneo donde lleva milenios produciéndose lo sagrado. Los santuarios en los bordes del agua, en las zonas liminales entre lo seco y lo húmedo, las divinidades femeninas en el límite de las marismas. Eso no nace en el XIII con la ermita. Es un patrón larguísimo, el mismo que rastreas desde el Calcolítico y lo tartésico. El impulso de sacralizar ese umbral concreto es viejísimo. Quien se ríe del Rocío se ríe de algo mucho más antiguo y más humano de lo que sospecha.
Estuve el sábado en el Rocío abrumado, impresionado y desbordado, acogido por la gente de Almonte y por quienes llegan desde fuera, igual que se hacía en lo que ahora es el dolmen de Soto en Trigueros o en la Valencina del Calcolítico.
El Rocío es un hub, un inmenso lugar de encuentro que funciona igual que cuando vivía la jovencita que fue enterrada en la tumba PP4 de Valencina, la dama del Marfil.
Yo nunca seré almonteño, ni siquiera andaluz, pero me parece estupendo que conviertan lo inmenso en lo local. Lo hacen de lo que tienen: de barro y de marisma, que es uno de los gestos más antiguos del ser humano. Sacralizar ese umbral exacto, el filo entre el agua y el monte, viene de muy lejos.
Nunca pediré permiso a los almonteños para tocar a la virgen y nunca saltaré la reja, pero los veo con absoluto respeto igual que piso su tierra con un respeto sagrado. Entre el fervor que no comparto y el desprecio que tenéis algunos, me quedo con mirar e intentar comprender. Es lo único que, como historiador, sé hacer de verdad.
Y es exactamente lo que tú harías, Beatriz, si tu izquierda fuese real y no puro clasismo estético.
Je veux présenter mes excuses, au nom des Français, pour avoir enfanté la French Theory (qui a enfanté la pire des merdes idéologiques : le wokisme).
Nous avons donné au monde Descartes, Pascal, Tocqueville. Et puis, dans les ruines intellectuelles de l'après-68, nous avons donné Foucault, Derrida, Deleuze. Trois hommes brillants qui ont fabriqué, dans l'élégance de notre langue, l'arme idéologique qui paralyse aujourd'hui l'Occident.
Il faut comprendre ce qu'ils ont fait. Foucault a enseigné que la vérité n'existe pas, qu'il n'y a que des rapports de pouvoir déguisés en savoir. Que la science, la raison, la justice, l'institution médicale, l'école, la prison, la sexualité, tout n'est qu'une mise en scène de la domination. Derrida a enseigné que les textes n'ont pas de sens stable, que tout signifiant glisse, que toute lecture est une trahison, que l'auteur est mort et que le lecteur règne. Deleuze a enseigné qu'il fallait préférer le rhizome à l'arbre, le nomade au sédentaire, le désir à la loi, le devenir à l'être, la différence à l'identité.
Pris isolément, ce sont des thèses discutables. Combinées, exportées, vulgarisées, elles forment un système. Et ce système est un poison.
Car voici ce qui s'est passé. Ces textes, illisibles en France, ont traversé l'Atlantique. Les départements de Yale, de Berkeley, de Columbia les ont absorbés dans les années 80. Ils y ont trouvé un terreau qui n'existait pas chez nous : le puritanisme américain, sa culpabilité raciale, son obsession identitaire. La French Theory s'est mariée à ce substrat, et l'enfant de ce mariage s'appelle le wokisme.
Judith Butler lit Foucault et invente le genre performatif. Edward Said lit Foucault et invente le post-colonialisme académique. Kimberlé Crenshaw hérite du cadre et invente l'intersectionnalité. À chaque étape, la matrice est française : il n'y a pas de vérité, il n'y a que du pouvoir, donc toute hiérarchie est suspecte, toute institution est oppressive, toute norme est violence, toute identité est construite donc négociable, toute majorité est coupable.
Voilà comment trois philosophes parisiens, qui n'ont probablement jamais imaginé leurs conséquences pratiques, ont fourni le logiciel d'exploitation à une génération entière d'activistes, de bureaucrates universitaires, de DRH, de journalistes, de législateurs. Voilà comment on a obtenu une civilisation qui ne sait plus dire si une femme est une femme, si sa propre histoire mérite d'être défendue, si le mérite existe, si la vérité se distingue de l'opinion.
C'est de la merde pour une raison simple, et il faut la dire calmement. Une civilisation se tient debout sur trois piliers : la croyance qu'il existe une vérité accessible à la raison, la croyance qu'il existe un bien distinct du mal, la croyance qu'il existe un héritage à transmettre. La French Theory a entrepris de dynamiter les trois. Pas par méchanceté. Par jeu intellectuel, par fascination du soupçon, par haine de la bourgeoisie qui les avait nourris. Mais le résultat est là. Une génération entière a appris à déconstruire et n'a jamais appris à construire. Une génération entière sait soupçonner et ne sait plus admirer. Une génération entière voit le pouvoir partout et la beauté nulle part.
Je m'excuse parce que nous, Français, avons une responsabilité particulière. C'est notre langue, nos universités, nos éditeurs, notre prestige qui ont donné à ce nihilisme son emballage chic. Sans la légitimité de la Sorbonne et de Vincennes, ces idées n'auraient jamais traversé l'océan. Nous avons exporté le doute comme d'autres exportent des armes.
Ce qui se construit maintenant, en silicon valley, dans les labos d'IA, dans les startups, dans les ateliers, dans tous les lieux où des gens fabriquent encore des choses au lieu de les déconstruire, c'est la réponse. Une civilisation se reconstruit par les bâtisseurs, pas par les commentateurs. Par ceux qui croient que la vérité existe et qu'elle vaut qu'on s'y consacre. Par ceux qui assument une hiérarchie du beau, du vrai, du bon, et qui n'ont pas honte de la transmettre.
Alors pardon. Et au travail.
Crónicas Gabachas
Samuel Paty y el pánico occidental a nombrar el islamismo.
Samuel Paty era un profesor francés de historia y geografía asesinado en octubre de 2020 después de mostrar en clase unas caricaturas de Mahoma durante una lección sobre libertad de expresión. Su asesino, un islamista checheno refugiado en Francia junto a su familia y cuyo nombre da exactamente igual, lo esperó a la salida del instituto y lo decapitó.
¿Cómo se llegó a eso? Después de la lección, una alumna llegó a casa diciendo que el profesor había mostrado caricaturas de Mahoma. Su padre entró inmediatamente en pánico religioso y empezó a difundir vídeos en redes sociales acusándolo de humillar a los musulmanes. Otros padres se acoplaron al linchamiento. Militantes islamistas hicieron el resto. En pocos días miles de fanáticos agitaban en internet el nombre de un profesor de instituto que hasta entonces llevaba una existencia perfectamente anónima.
El asesinato de Samuel Paty produjo un shock gigantesco en Francia. Aquí la escuela pública no es simplemente un edificio lleno de críos. Es casi un santuario republicano. El núcleo duro de la religión laica francesa.
La mayoría de los franceses tenía la sensación de que bajo el techo de una escuela pública ciertas cosas sencillamente no podían ocurrir. Desde luego no que un profesor terminara ejecutado por explicar algo tan elemental como la libertad de expresión.
El asunto de la laicidad es extremadamente serio aquí. La República lleva más de un siglo intentando arrancar la educación de las manos religiosas con la obstinación feroz de quien conoce demasiado bien a las religiones cuando empiezan a jugar con el poder. La escuela pública francesa fue concebida como una fábrica de ciudadanos antes que de creyentes.
El Estado recoge varias horas al día a los hijos de todas las tribus, neurosis familiares, religiones y delirios identitarios y los mete juntos en una centrifugadora republicana donde, al menos en teoría, todos pasan a ser simplemente alumnos franceses.
Por eso en los colegios públicos no se aceptan símbolos religiosos ostensibles. Ni velo islámico, ni kipa, ni crucifijos gigantes, ni túnicas druídicas. Cuando entras en la escuela pública, la teoría republicana dice que entras como ciudadano. Exclusivamente.
Samuel Paty estaba enseñando uno de los principios centrales del sistema francés. El derecho a blasfemar y a burlarse de las religiones. El derecho a publicar caricaturas sin terminar con la cabeza separada del cuerpo por un iluminado.
Acaba de estrenarse una película sobre sus últimos días y el debate francés alrededor del tema está entrando en zona casi psiquiátrica.
Porque el problema, aparentemente, ya no sería el profesor asesinado en nombre de Alá. El problema sería que la película podría ofrecer una imagen negativa del islamismo después de que un islamista asesinara a un profesor.
Algunos críticos llegan a un punto fascinante. Empiezan admitiendo que la película está bien hecha, que es fiel a los hechos y que no inventa nada, para terminar concluyendo que el problema es... su mera existencia. Ya no sería una obra islamófoba por mentir o manipular, sino por atreverse a mostrar algo que ocurrió de verdad.
Otros parecen sinceramente preocupados por la posibilidad de que representar con realismo un asesinato islamista produzca rechazo hacia el islamismo. La frase merece contemplarse lentamente porque contiene una forma muy refinada de locura occidental.
Esperemos entonces que la próxima película sobre las SS no provoque acusaciones de nazifobia, que nunca se sabe. Mostrar nazis comportándose como nazis puede provocar rechazo.
Lo extraordinario es el mecanismo intelectual que aparece siempre alrededor del islamismo en Europa. Con otros totalitarismos no existe esta gimnasia verbal permanente. Una película sobre nazis puede mostrar nazis. Una película sobre el estalinismo puede mostrar estalinistas. Una película sobre mafiosos puede mostrar mafiosos. Nadie exige una representación emocionalmente equilibrada de las SS para preservar sensibilidades alemanas.
Con el islamismo aparece enseguida una operación de embalaje lingüístico. La realidad se envuelve en capas de semántica anestesiante para que ninguna frase suene demasiado directa. El terrorista acaba casi difuminado detrás de la neurosis occidental ante cualquier descripción demasiado frontal de lo ocurrido.
Samuel Paty fue asesinado por enseñar que en Francia existe derecho a blasfemar. Y todavía hoy hay gente más alterada por la película que por el motivo mismo del asesinato.
Hay que joderse.
¿Por qué tratamos a universitarios de 20 años como si estuvieran en primaria? Abro reflexión sobre la estafa de la asistencia obligatoria y cómo hemos convertido las facultades en guarderías de lujo donde fichar vale más que saber. 🧵va...
Mucha gente no lo sabe, pero los europeos tenemos el derecho de desistimiento:
Catorce días para cambiar de opinión y cancelar la compra o contratación de un bien o servicio. Sin dar explicaciones y sin penalización.
Ejemplos:
1️⃣ Compras una app y luego después ves que no te gusta o no la usas. Puedes ejercer tu derecho de desistimiento ante Apple o Google y te devuelven el importe de la compra.
2️⃣ Contratas un producto bancario. En la ventanilla te extienden un contrato de ocho metros de papel en Arial 3. Firmas sin leer, pero al llegar al casa sacas el microscopio y compruebas que lo firmado no coincide con lo explicado verbalmente. Vuelves y cancelas el contrato ejerciendo tu derecho de desistimiento.
Son dos casos que se me han dado a mí. Quizá otros no lo sepan y este pequeño tuit les sea útil, ¡ojalá! 😊
Veo que se abren polémicas sobre si la Medicina es una carrera fácil o difícil. Creo que son post creados para capturar mucha audiencia y comentarios porque todo el mundo entra a dar su opinión, pero la cuestión que se plantea es absurda. La carrera requiere memorizar mucho (miles de palabras nuevas) y comprender los mecanismos fisiológicos del funcionamiento del cuerpo humano. Hay que integrar, además, la arquitectura celular y tisular con la función y comprender cómo funcionan las células. Luego integrarlo con la patología para comprender cómo se producen las enfermedades, cómo diagnosticarlas y cómo tratarlas. Enfrentarse al hecho de que la misma enfermedad puede manifestarse de diferentes maneras y que los mismos síntomas pueden ser causados por muchas causas distintas. Cuando has adquirido todo este océano de conocimiento debes saber aplicarlo al paciente que tienes delante y aceptar la responsabilidad de darle la mejor atención posible. Y esto que he escrito sería como tratar de describir a fondo cómo es una ciudad de gran tamaño, con sus avenidas, calles, barrios, callejones, bares, etc, etc. con una simple foto aérea. Ni en una vida se puede adquirir un conocimiento completo de la Medicina, por eso están las especialidades y aun así es complicado estar al día. Juzgad vosotros mismos.
Hoy hay paz social en las calles de España porque los baby-boomers pagan las facturas a sus hijos, les dan entrada para un piso o les tienen en casa. Pero ¿qué pasará cuando esos padres ya no estén? Nadie quiere pensarlo, pero veremos pobreza sin precedentes.
El Estado del Bienestar son los padres.
Mi tribuna en EL PAÍS.
🚨🚨QUEDAN JUECES EN BERLIN (MADRID)
Importantísima declaración institucional de los Jueces de la Sección de Instrucción del Tribunal de la Instancia de Madrid , sobre los ataques del
Ministro Bolaños al Juez Peinado.
No dejen de leerla y, por favor, les pido retuit👇👇👇👇
Los filósofos Daniel Kodsi y John Maier sostienen que muchos de los fenómenos más absurdos y destructivos de nuestra época -desde la ideología de género, la cultura de la cancelación, el DEI, los encierros del COVID, el net zero, la abolición de la policía y prisiones, hasta la obsesión por “incluir” a toda costa- tienen una causa común: un vicio intelectual que ellos han llamado “excepcionalismo”. ¿Qué es el “excepcionalismo”?
El excepcionalismo es la tendencia patológica a hacer demasiadas excepciones a reglas, principios y generalizaciones bien fundamentadas, basándose en casos aislados, anécdotas emocionales o deseos particulares. En lugar de mantener principios simples y sólidos, el excepcionalista complica excesivamente las ideas para acomodar cualquier anomalía, excepción o caso especial que le importe. Esto produce teorías sobre-complicadas, frágiles y a menudo absurdas.
Los autores lo comparan con el problema científico conocido como “overfitting” (sobreajuste): cuando un modelo se ajusta tanto a los datos ruidosos o erróneos que pierde capacidad predictiva y se vuelve inútil.
El excepcionalista cree que existen ciertas personas o cosas a las que las reglas normales no les aplican. Más aún, cuando se pone a reflexionar, a menudo llega a negar que esas reglas sean reglas en absoluto, justamente porque no contemplan las excepciones que él exige para sus categorías protegidas o especiales. Hay dos tipos de excepcionalistas:
-El de mente única (single-minded): Se obsesionan con una sola causa o grupo protegido y subordinan todo lo demás a él (ejemplo: “minimizar muertes por Covid a cualquier costo”).
-El Indiscriminado (Indiscriminate): Ven excepciones en todas partes y complican todo constantemente (típico de activistas woke, periodistas y gente “chronically online”).
¿Y qué ejemplos dan los autores de excepcionalismo o a qué lo aplican. Ahí van unos cuantos:
-Ideología de género: Rechazar la definición biológica simple de “mujer” (hembra humana adulta) para acomodar casos raros o sentimientos subjetivos, creando teorías extremadamente complejas y contradictorias.
-Encierros del Covid: Priorizar solo las muertes por coronavirus e ignorar todos los demás daños (salud mental, educación, economía, aislamiento de ancianos, etc.).
-Cultura de la cancelación y restricciones a la libertad académica: La libertad de expresión se vuelve “sí, pero…” con infinitas excepciones para no ofender a ciertos grupos.
-DEI y políticas de diversidad: Se sacrifican estándares meritocráticos y objetivos educativos para acomodar metas de “inclusión”.
-Net Zero y políticas climáticas: Un objetivo único (cero emisiones) se impone aunque tenga costos desproporcionados en otros aspectos de la vida.
-Abolicionismo policial y de prisiones: Ignorar que la mayoría de crímenes los cometen reincidentes y proponer soluciones complejas en lugar de la solución simple y efectiva.
-Arte y cultura: Subordinar la calidad estética y el entretenimiento a objetivos políticos y de justicia social.
En resumen, muchos disparates modernos (según estos dos filósofos) tienen una raíz común: en vez de mantener principios claros y generales, la gente se obsesiona con excepciones, anécdotas y casos especiales, complicando todo hasta volverlo absurdo. A esto los autores lo llaman “excepcionalismo” y lo ven como el verdadero problema intelectual de nuestra época.
Today's ruling by the IOC means a welcome return to fair sport for women and girls, but I'll never forget the scandal of Paris 2024, when people who consider themselves supremely virtuous and progressive publicly cheered on men punching women.
@MarieBensimon@pacopeco24 Marie, mil gracias, hay críticas que merecen ser estudiadas (y criticadas también).
Por suerte ha habido también muy positivas 😉😅
https://t.co/froKJKRSxU
Yo soy el que te dice que no cuando pides una resonancia porque la lista de espera es de meses.
Yo soy el que te hace esperar horas en urgencias mientras intento priorizar.
Yo soy el que te pone un yeso, te da el alta y te dice: ya te llamarán de traumatología.
Yo soy el que sospecha algo serio, incluso un cáncer, y aun así tiene que mandarte a casa a esperar una prueba.
Yo soy el que explica a los pacientes que el sistema no llega a todo.
La sanidad no es infinita. Los recursos se racionan todos los días.
Yo estoy en la puerta del sistema, tomando esas decisiones difíciles.
Mientras tanto, los políticos juegan a la superioridad moral en X.
Se viene rollo filosófico, aviso ;)
Llevo casi 30 años en el mundo tech. He cofundado empresas, gestionado equipos, invertido en startups, construido productos desde cero. Y hay algo que me está pasando con la IA que me cuesta describir con una sola palabra. Así que voy a intentar describirlo con varias.
La primera reacción, al menos en mi caso, cuando empiezas a usar estas herramientas de verdad, es una mezcla rara. Euforia. Miedo. Y sobre todo vértigo.
Ver que algo en lo que eras bueno, algo que te costó años construir, se convierte en commodity de golpe tiene mucho de desconcertante. Años construyendo una empresa, con patentes y con una tecnología que creías era una barrera de entrada y tu principal valor... y que de repente desaparece. No te lo esperas. Y aunque intelectualmente puedes entenderlo, vivirlo es otra cosa.
Pero ese miedo pasa. Al menos a mí me ha pasado.
Lo que viene después es energía. Proyectos que antes no intentaba porque el coste era demasiado alto, ahora los puedo arrancar en una tarde. Cosas que requerían un equipo, las puedo explorar solo pese a llevar años sin programar y alejado de la parte técnica.
Nuevas oportunidades.
De repente, para muchas cosas no dependo del equipo técnico de mi empresa. Y eso es por una parte reconfortante, pero por otra inquietante.
El techo no ha bajado... es que ha desaparecido. Y eso tiene algo de adictivo, de "joder, ¿por qué no estaba haciendo esto antes?".
Y aquí entra algo que creo que mucha gente no está considerando: la paradoja de Jevons.
En el siglo XIX, cuando se inventaron máquinas de vapor más eficientes, todo el mundo asumió que se consumiría menos carbón. Ocurrió exactamente lo contrario. La eficiencia hizo que usar carbón fuera más barato, así que se usó para más cosas, en más sitios, por más gente. El consumo total se disparó.
Con la IA va a pasar lo mismo. No vamos a escribir menos software porque la IA lo haga más rápido. Vamos a escribir muchísimo más, en muchos más sitios, para muchos más problemas que antes ni siquiera intentábamos resolver porque el coste era prohibitivo. La demanda de inteligencia no se reduce cuando se abarata. Se expande.
Hay un estudio de Berkeley en HBR (https://t.co/sRjR7sWszs) que lo confirma de forma bastante incómoda.
Investigadores de Haas School of Business pasaron 8 meses dentro de una empresa de 200 personas observando qué pasa cuando das herramientas de IA a todo el mundo y dices "adelante". Lo que encontraron contradice todo lo que nos han vendido: los empleados trabajaron más rápido, asumieron más tareas y extendieron su jornada. Nadie se lo pidió. Lo hicieron solos porque la IA hacía que "hacer más" se sintiese posible.
Un empleado lo resumió mejor que cualquier paper: "Pensabas que ahorrarías tiempo y trabajarías menos. Pero no trabajas menos"
El 77% de los empleados que usaban IA en otro estudio decían que les había aumentado la carga de trabajo.
La IA no te devuelve tiempo. Expande el perímetro de lo que sientes que deberías estar haciendo.
Y luego está el estudio del MIT (https://t.co/7rZqK7Pi8W) , que me parece el más incómodo de todos.
Pusieron a 54 personas con electrodos en la cabeza mientras usaban ChatGPT para escribir. Los que usaron IA mostraron un 47% menos de conectividad neuronal durante la tarea. El cerebro no trabajaba menos duro. Directamente se apagaba en las zonas vinculadas al pensamiento crítico y la creatividad.
Pero el dato que más me impactó es otro: el 83% de los usuarios de IA no podían citar ni una frase del ensayo que acababan de escribir. Porque nunca fue realmente suyo.
Y cuando al final de la prueba les quitaron la herramienta, el cerebro no se recuperó. Los patrones de desconexión persistieron.
Los investigadores lo llaman "deuda cognitiva". La misma lógica que la deuda técnica en software: cada atajo de hoy acumula intereses que pagas mañana en forma de menor capacidad para pensar de forma independiente.
El problema no es que la IA te haga menos inteligente. Es que tu cerebro optimiza para el entorno que le das. Y si dejas de ejercitar las partes difíciles del pensamiento, esas partes dejan de estar afiladas.
Pero entiendo perfectamente al otro lado también.
Hay un desarrollador que habló hace poco sobre algo que me impactó bastante.
Su tweet es este : I was a 10x engineer. Now I'm useless.
El video de 12 minutos merece la pena verlo (https://t.co/gLjCPrFfl3)
Describe haber construido un producto completo con IA, que funciona, que la gente usa, que genera ingresos... y al que no tiene ningún vínculo emocional. Porque no sufrió para hacerlo. Y lo describía como fabricar hot dogs: el producto existe, cumple su función, pero tú no pusiste nada de ti.
Eso conecta con algo más profundo que no estamos discutiendo suficiente.
Antes aprendías construyendo. El sufrimiento del proceso era el mecanismo. Te ibas a dormir sin saber cómo resolver algo y te levantabas con la solución, y eso te cambiaba. Ahora puedes construir sin ese ciclo. Más output, sí. Pero menos crecimiento.
Y luego está la red de seguridad. Un desarrollador siempre podía tomarse un año sabático y volver a un trabajo mejor pagado. O dejar su empresa actual sin miedo a encontrar casi lo que quisiera al día siguiente y con mejores condiciones.
Ese colchón existía de verdad y organizaba la vida profesional de mucha gente. La pregunta que nadie quiere hacerse en voz alta es si eso sigue siendo así. Tengo mis dudas.
Y aquí viene lo más complicado: no hay término medio fácil. Una vez que empiezas a usar estas herramientas en serio, tu cerebro deja de querer volver al esfuerzo. No es que puedas reservarte lo difícil para ti y delegar lo aburrido. Es todo o nada.
La energía nueva es real. Y la pérdida también es real. El error está en intentar resolver esa tensión demasiado rápido, en elegir un bando antes de haberlo vivido de verdad.
Lo que sí tengo claro, después de verlo en primera persona, es que la línea divisoria no es generacional.
He visto veteranos de 20 años sacarle un partido tremendo a estas herramientas. Y recién llegados que las tratan como una abstracción filosófica en lugar de algo que puedes usar hoy mismo.
La edad no predice nada. Lo que predice es la disposición. Si corres hacia el cambio o lo miras desde la barrera esperando a que alguien te explique si es seguro cruzar.
Nadie sabe exactamente adónde va esto. Y desconfío de los que dicen que sí lo saben, en cualquiera de los dos sentidos.
Lo que sí sé es que quiero estar en el grupo que corre hacia ello. Con la incomodidad incluida. Con la pérdida incluida. Con las preguntas sin respuesta incluidas.
Porque la alternativa es quedarse parado. Y eso, con o sin IA, nunca ha funcionado.
No quería escribir sobre el accidente ocurrido en la playa de El Bocal, en Santander, por ser “cerca de casa”, pero creo que es un buen momento, por desgracia, para entender algo importante.
La ruta que he marcado la he recorrido corriendo muchas veces. Son unos 20 km aproximadamente, dependiendo del camino que sigas. Aquí se conoce como la ruta de la Costa Quebrada, y es una auténtica maravilla natural, especialmente en su tramo final.
El círculo verde marca el lugar donde ha ocurrido el trágico accidente.
Hace unos años, en el primer tramo de la ruta, el ayuntamiento decidió destrozar un sendero precioso que discurría entre roca caliza, con ese paisaje kárstico lleno de formas escarpadas que parecían un bosque de piedra. Rompieron rocas para abrir un camino recto con la excusa de “adaptarlo para personas con dificultades de movilidad”. La realidad es que el camino era igual de accesible antes de destruirlo.
Además, instalaron pasarelas de madera en varios puntos donde no había ningún desnivel ni obstáculo real. Simplemente, según dijeron, caminar sobre tablas era “más fácil” que hacerlo sobre el suelo natural.
Y como remate, decidieron construir unas pasarelas espectaculares para acercar a la gente al mar por zonas por las que ni siquiera hace falta pasar para completar la ruta.
Conozco bien esos acantilados. He corrido por allí muchas veces y también he escalado en varias vías abiertas por la vieja escuela cántabra. El entorno es brutal, pero peligroso, es muy tentador "destrepar" un poco por las rocas para acercarse al mar y en más de una ocasión hemos tenido que ayudar a subir otra vez al camino a alguien que se ha aventurado más de la cuenta.
Cuando supe que iban a instalar esas estructuras pensé: “Van a llenar esto de hormigón y acero, qué desastre”.
Para mi sorpresa, finalmente usaron madera, como en el resto del recorrido. Hablando con un amigo ingeniero, me tranquilizó:
- Si se mantiene correctamente y cumple normativa, eso no se cae ni de broma.
¿El problema?
Los primeros meses se llenó de gente. El primer año todavía pasaba alguien. Hoy solo quedamos cuatro: los que corremos por la zona, los vecinos que pasean al perro o alguien que sube a ver la puesta de sol. No es un reclamo turístico. Está relativamente escondido y solo va quien lo conoce.
¿Resultado?
No va casi nadie, no se mantiene nada y al final las consecuencias las pagan personas que no tienen ninguna culpa.
Da igual si hablamos de pasarelas, trenes o carreteras.
El patrón es siempre el mismo: lo importante es ganar el contrato, cobrar la obra… y después abandonarlo hasta que ocurre una desgracia.
Y así, una y otra vez... y siempre pagan los mismos, siempre. Nunca jamás son ellos.
🚀 Comienzo el año liderando el desarrollo del Plan Estratégico de Turismo de Avilés 2026-2030 del
@AytoAviles
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💼 Cerramos el aula...¡disfrutad de las prácticas profesionales!
#Uniovi
1⃣ Parece una calle cualquiera, pero el número 35 del Carrer de l'Avenir de Barcelona —concretamente la 2ª puerta de la planta 6ª— es el domicilio más mencionado en el Boletín Oficial del Registro Mercantil (BORME) durante los últimos 20 años. Sale en 2.196 ocasiones.
¿Por qué?