Aprendí que la vida puede cambiar en un segundo. Lo que hoy das por hecho, mañana puede ser diferente. No te aferres a nada: perdona, suelta y empieza de nuevo las veces que sea necesario. Cambia de rumbo si el camino que recorres ya no te hace feliz y, sobre todo, vive cada día con pasión.
Todo, absolutamente todo, pasa por alguna razón. Las manos que sueltan, las intenciones que se muestran, las verdades que salen a la luz, las amistades que se transforman, los amores que llegan y los vínculos que se desvanecen. Todo tiene un propósito, aunque no siempre lo entendamos en el momento.