siquiera entre a su tienda, y mucho menos la señorita que deja sus obras recién horneadas en la ventana para contrarrestar el olor crudo de las calles.
—Oh, me temo que no. Quizás el soberano tenga algún mago en su nómina. —Responde educado, apartando su vista del libro.
Alzó la cabeza al ver la sombra de una persona cruzando el umbral de su local, tras un mostrador de madera oscura y antigua repleto de frascos con etiquetas roídas por el pasar del tiempo.
Su rostro lánguido y pálido esboza una mueca de sorpresa, pues le extraña que alguien »
El hombre de rizadas hebras rojizas permanecía absorto en sus pensamientos, reflejando su rostro delgado y pálido en la jarra de la taberna. Parpadea segundos después con su único ojo sano, alzando la cabeza para fijarse en la mujer.
—Ambas cosas tienden a ir de la mano, ¿no?
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—— Parecéis triste... Y solo.
Comentó Nyx con suavidad mientras se acercaba al desconocido. Sus pasos fueron tranquilos, sin intención alguna de invadir su espacio, hasta que tomó asiento a su lado con naturalidad.
—— @vanodestino ——⠀⠀
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ración de ver mundo y granjearme problemas, decidí dejar la vida marítima en el último barco del que me bajé. Ahora estudio medicina, y debo decir que no echo de menos las tormentas de alta mar, ni el escorbuto, ni los motines.
—En absoluto, pero me temo que no hay una historia emotiva detrás. —Dice aquel joven hombre, de no más de treinta y algo años, mientras apoyaba sendos codos sobre la mesa de la taberna. Entre sus manos se encontraba una jarra de buen tamaño, colmada hasta la cima de ron.
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—— ¿Puedo preguntar por qué dejasteis la mar?
Preguntó Rox mientras sus orbes verdes permanecían fijos en el adverso. Su mirada recorría con discreción cada detalle de su atuendo
Ladeó ligeramente la cabeza, cruzándose de brazos con gesto relajado.
—— No es +⠀⠀
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pelando patatas y echando en barriles las cabezas de pescados.
Sonríe débilmente, sin mirar a la mujer a la cara.
—Supongo que no es complicado imaginar qué vino en la siguiente década. Pero la piratería, como cualquier pillería, tiene los días contados. Una vez tuve mi »