Pasaste horas sin enviarme mensajes, mientras yo pasaba esas mismas horas revisando si alguna notificación era tuya. Tú estabas bien sin escribirme; yo, en cambio, me sentía pequeña al esperarte. Así que no, no somos lo mismo.
Las mujeres que saben trabajar y amar de verdad, no se derriten por dinero, se derriten por respeto, cuidado, amor verdadero y responsabilidad afectiva.