El dolor es como un dios niño que rompe sus juguetes sin saber que nos daña; que nos oye pedir explicaciones sin entender nuestro idioma; que se olvida rápido de todo y se sorprende al vernos empeñados en recordar.
Llamar.
El otro día, en una conversación con mi padre, me confesó esto. Fue muy emotivo. Y yo quise imaginarme lo que he dibujado hoy. Abuela, se te sigue escuchando como si estuvieras aquí. La calidad de la llamada es ⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️.