No está mal emocionarse por el mundial. No está mal anhelar que México logre llegar lejos esta vez. Lo que sí está mal es ser indiferente ante el dolor de las madres buscadoras, la marginación de las sexo servidoras, el olvido del CNTE.
Que ser aficionado no te nuble la vista.
Se les cayó otra explicación.
Los partidos del Mundial en México ya tienen horario y casi todos serán de noche. La inauguración en el Estadio Azteca será la excepción, a la una de la tarde.
Entonces queda claro que el problema no eran las clases ni los alumnos ni la “logística educativa”.
El problema es otro: quieren bajar presión en las calles, reducir movilidad y esconder el caos de una ciudad que no está lista para recibir un evento de ese tamaño.
En lugar de arreglar transporte, seguridad, tráfico y servicios, prefieren sacar a los niños de las aulas durante semanas.
La educación como variable de ajuste.
La ciudad como escenografía.
El gobierno como siempre: improvisando y vendiendo el desastre como estrategia.