Sugiero ver el extraordinario discurso de @marcorubio en la Conferencia de Seguridad de Múnich. Debates aparte (que los debemos dar), lo que ha planteado es urgente de entender para poder avanzar desde ahora.
Hay dos cosas que especialmente quiero resaltar de lo allí expuesto:
“Mientras la Segunda Guerra Mundial seguía viva en la memoria de estadounidenses y europeos, nos enfrentábamos a una nueva catástrofe mundial, portadora de un tipo de destrucción sin precedentes, más apocalíptica y definitiva que todo lo que la humanidad había conocido hasta entonces.
En el momento de este primer encuentro, el comunismo soviético estaba en plena expansión. Miles de años de civilización occidental estaban en juego. La victoria estaba lejos de estar asegurada, pero nos animaba un objetivo común.
No sólo nos unía aquello contra lo que luchábamos, sino también aquello por lo que luchábamos.
Juntos, Europa y América triunfaron, y se reconstruyó un continente. Nuestros pueblos prosperaron. Con el tiempo, los bloques del Este y del Oeste se reunificaron. Una civilización volvió a ser completa.
El infame muro que había dividido a esta nación en dos cayó, y con él un imperio del mal, y el Este y el Oeste se convirtieron en uno.
Pero la euforia de esta victoria nos llevó a una peligrosa ilusión: la de que habíamos entrado, según la expresión consagrada, en el «fin de la historia», que a partir de entonces todas las naciones se convertirían en democracias liberales, que los vínculos creados por el comercio sustituirían a la propia idea de nación, que el orden mundial basado en normas —una expresión manida— suplantaría al interés nacional y que viviríamos en un mundo sin fronteras en el que todos seríamos ciudadanos del mundo.
Era una idea descabellada, que ignoraba la naturaleza humana y las lecciones de más de 5000 años de historia escrita. Y nos ha costado muy caro. En esta ilusión, adoptamos una visión dogmática del libre comercio sin restricciones, mientras que algunas naciones protegían sus economías y subvencionaban a sus empresas para socavar sistemáticamente las nuestras, cerrar nuestras fábricas, desindustrializar amplios sectores de nuestras sociedades, deslocalizar millones de puestos de trabajo de la clase media y trabajadora, y confiar el control de cadenas de suministro críticas a adversarios y rivales”.
(...)
“No necesitamos abandonar el sistema de cooperación internacional que hemos creado, ni desmantelar las instituciones mundiales del antiguo orden que hemos construido juntos. Pero estas deben reformarse. Deben reconstruirse.
Por ejemplo, las Naciones Unidas siguen teniendo un enorme potencial para ser una herramienta al servicio del bien en el mundo.
Pero no podemos ignorar que, hoy, en las cuestiones más urgentes que se nos plantean, no aportan ninguna respuesta y prácticamente no desempeñan ningún papel.
No han podido resolver la guerra en Gaza. Ha sido más bien el liderazgo estadounidense el que ha liberado a los cautivos de los bárbaros y ha permitido una frágil tregua.
No han resuelto la guerra en Ucrania. Ha sido necesario el liderazgo estadounidense, en colaboración con muchos de los países aquí presentes hoy, para llevar a ambas partes a la mesa de negociaciones en busca de una paz aún esquiva.
Se han mostrado impotentes para frenar el programa nuclear de los radicales chiítas de Teherán. Para ello fueron necesarias 14 bombas lanzadas con precisión por bombarderos estadounidenses B-2.
Y no han sido capaces de hacer frente a la amenaza que supone para nuestra seguridad un dictador narcoterrorista en Venezuela. Fueron las fuerzas especiales estadounidenses las que tuvieron que intervenir para llevar a este fugitivo ante la justicia.
En un mundo ideal, todos estos problemas y muchos otros se resolverían con diplomáticos y resoluciones firmes. Pero no vivimos en un mundo ideal y no podemos seguir permitiendo que quienes amenazan abierta y descaradamente a nuestros ciudadanos y a la estabilidad mundial se escuden tras abstracciones del derecho internacional que ellos mismos violan regularmente.
Este es el camino que han tomado el presidente Trump y los Estados Unidos.
Este es el camino que les pedimos, aquí en Europa, que sigan con nosotros. Es un camino que ya hemos recorrido juntos y que esperamos volver a recorrer juntos”.
Oigo a Feijoo, a Abascal, a Sánchez, a cualquier rascapuertas de los que tenemos aquí, luego comparo sus palabras, tono y contenido con los de esta señora rubia, y me entran unas enormes ganas (momentáneas, pero enormes) de ser italiano.
Nayib Bukele: “El 40% de nuestra población carcelaria ya está pagando su deuda con la sociedad. Nos ayudarán a construir carreteras, hospitales y escuelas; fabricarán nuestros uniformes y muebles; cultivarán y cosecharán nuestros cultivos; y ayudarán a limpiar nuestros ríos. A cambio, reciben una sentencia más corta y aprenden una habilidad. Este programa NO está disponible para violadores y asesinos”.
@AecioEscalante Cuando había dos alemanias quien de las dos levantó un muro de vergüenza para q no se le escapara la población, creo q en Europa debemos recordar el muro q tanto se ha olvidado y como se vivía a un lado y otro del mismo