Cierro los ojos y recuerdo todo lo que pasó ese día, detalle a detalle. Con la diferencia de que, en mi mente, no me detengo: te beso y acaricio de pies a cabeza, literal. Tus labios, tu cuello, tus pechos, tus hombros… no es lo único que beso y acaricio en mis pensamientos.
Criticar la inmoralidad de otros no significa que uno sea moralmente correcto. Todos tenemos contradicciones y, en algún momento, hemos actuado de formas que van en contra de nuestros propios principios.