—Típico de los gatos, juegan y juegan con su presa...— Gruñe con una sonrisa, deja que se coloque sobre el, aunque sus manos curtidas acuden a su espalda rozando con las yemas de los dedos los huesos de su columna.
el grueso impropio, y entonces decide sentarse en el regazo del varón. Aún mantiene liberado el miembro, pero lo masturba con lentitud. Así se aproxima a sus labios para besarle suavemente.
—No tan aprisa, no tan aprisa.— Dice con voz exhausta, aunque divertida dada la situación.
Se relame viéndola desnuda, es tan atractiva que en otra ocasión podría llegar a correrse sin tocarla.
Levanta la cabeza esperando para que le ponga aquello, diestra acerca a su+
A ella le divierte verle tan exhausto. No le da lástima ninguna. Quiere más y va a ir a buscarlo. Pero antes se va a quitar aquel body y va a quejarse solo la diadema de orejitas. Luego vuelve con Kisuke, enseñándole el sobre del condón que empieza a abrir con cuidado.
Necesitaba un pequeño respiro, se deja caer contra un sillón acabando por apoyar manos sobre los reposabrazos.
Jadea por la insistencia de la morena y respira con fuerza sin perderla de vista. Su pecho sube y baja, se le ve agitado, aunque contento.
—¡Serás...!— Al final toda su insistencia lo logra, una segunda descarga a la boca de la morena que no dejaba de chupar como si no existiera un mañana.
Jadea con la nariz ajena pegada a su propia pelvis.
Al notarle retroceder, ella se abraza a las caderas del hombre para que no se aleje demasiado. Las yemas de sus dedos se hunden en los glúteos masculinos con fuerza, así como si boca succiona con mayor intensidad.
—Siempre con protección, ¿Eh?— Empieza a reír mientras que esa risa se ve opacada por unos jadeos de placer, ahoga un gemido y sus caderas retroceden instintivamente tras la intensidad de la morena.
Solo va a soltar un poco de líquido preseminal en su boca.
──── Ahora buscaré un condón...
Musitó sobre el glande. La felina temía hambre, engulló aquella erección hasta que su nariz rozó el vello de la base del miembro. Relajando la garganta inició un vaivén cuya velocidad fue creciendo de manera progresiva.
ᅠ
recall that YOU are a
┄─── 〳𝔑𝗼𝗯𝗼𝗱𝘆〳 ┄─
blessed are those eyes
to lay upon my flesh .
my asshole surpasses
any womb 、 𖬺͟. you’re
fortunate to please it .
ᅠ
──── No dejaré que te corras si no es en mi boca...
Si Kisuke estaba cerca de alcanzar el orgasmo, la mujer se deslizaría hacia abajo dejando tras de sí un camino de besos por el cuerpo ajeno, hasta alcanzar el robusto miembro. Dejaría de masturbalo para lamer la punta.
Besos devuelve, entrelaza su lengua con la impropia en ese intercambio de besos y babas, algo que hace que suspire y su propio miembro llegue a palpitar por la situación y las atenciones de la morena.
—Vas a hacer que me corra otra vez.— Advierte, aunque no es queja.
──── Anda, ven aquí...
Yoruichi se incorpora de nuevo, ahora para quedar frente a frente. Ella de rodillas, rodeando el cuello ajeno con los brazos. Le regala un beso, amoroso pero intenso. Le ayuda a masturbarse entre tanto, deslizando la palma por su glande.
—Tus piernas no dicen lo contrario.— Responde empezando a reír mientras se masturba al mismo tiempo que ella, cerca, tanto que casi pueden sentir el calor del otro.
──── Hoy pareces ansioso. Nadie ha dicho que me haya quedado sin fuerzas.
Responde irguiéndose un poco. Se peina el flequillo hacia atrás con la diestra mientras le mira. Después gatea hacia atrás para frotar su sexo contra la erección ajena.
──── Solo hemos calentado.
—¿Ya te has quedado sin fuerzas? Recuerdo que eres tú la que más dura en la cama, no sería la primera vez que me quedo suplicante para que pares.— Imágenes demasiado obscenas acuden al ex-capitán, recuerdos que no borraba de su memoria.
Gracias a la continuidad de sus acciones, aquel orgasmo duró algunos segundos más. Quedó algo exhausta, jadeante, con las piernas abiertas y los muslos empapados.
──── Madre mía...
Musitó con una sonrisa bobalicona en el rostro.
Boca abierta y lengua afuera, recibe todos sus fluidos con gusto, lame y recoge a placer todo lo que tiene por ofrecerle. Con una mano se está pajeando, la otra acompaña los movimientos de su lengua haciendo que esos dedos entren y salgan de su interior repetidas veces.
Nuevas y repetidas lamidas suceden en su intimidad, recorre de nuevo aquellos pliegues, hasta que se detiene cerca de aquel botón rojo y sensible.
—Podría estar comiéndote todo el día...— Entierra la cara por fin en su sexo, mete la lengua en su interior y lame con hambre.