No solo era eso lo que había, los ojos rojos de la diosa, las hebras de cabello negro entre las albinas que asomaban, abría una puerta de lo más extraña para ella.
—♦️¿De casualidad conoces a tu madre?
La diosa pareció quedar sorprendida al ver esos colmillos, como si lo que quería comprobar hubiera resultado cierto.
—♦️Me resulta difícil de creer, pero el parecido es preocupante.
Ella misma abrió la boca para mostrar sus propios colmillos a la contraria.
—♦️No, no lo hacemos. Se buena y enséñame los dientes, hay algo que quiero comprobar.
Le soltó por un momento para darle el debido espacio, había algo en esto que no le cerraba por el parecido entre ambas.