Es un proceso largo, son años, es toda la vida. Aunque creas que estás en un lugar mejor, la vida siempre tiene su manera de ponerte a prueba.
Se besa el piso, te quebrás a la mitad, te quedas roto. Perdés las palabras y hasta la fé... Por eso sanar es cimentar con escombros.
La romantización de la “salud mental” en redes nos está vendiendo la idea de que sanar es café en tazas lindas y escribir en un diario, cuando la realidad es que sanar de verdad es un proceso incómodo, crudo y solitario donde te toca enfrentarte a tu propia mente sin adornos.
El amor real solo puede construirse sobre lo que es verdad; la idealización es hermosa para el alma, pero no tiene manos para sostenerte, ni casa donde vivir, ni futuro que planear.
Hay que dejar de ver a través de ventanas y cruzar puertas...
una vez me dijeron “la tristeza no siempre llora, a veces se disfraza de cansancio” y desde entonces empecé a preguntarme si estoy agotada o simplemente rota en silencio
Madurar es aceptar que no somos fáciles de amar; que cada uno defiende lo que le dolió, que todos cargamos miedos, que cada quien aprendió, a su manera, a protegerse del pasado. Y que acompañar a alguien también es aprender a no cortarse con sus heridas.
La verdadera magia detrás del amor está en que, tratando de convertirte en alguien mejor para el otro, terminas convirtiéndote en alguien mejor para ti mismo.