Últimamente me veo feliz, con un brillo en los ojos que había perdido en estos años.
Te agradezco por acompañarme y enseñarme; Ya no soy tan terca como lo solía ser y por razones obvias estoy muy feliz viéndote lograr grandes cosas.
Gracias a Dios.
Jamás pensé tener un amor correspondido. No solo porque la otra persona me ame, sino por la ilusión que tenía de cambiar para que, cuando llegara esa persona, no encontrara a alguien roto. Al final, elegimos a quien entregarle amor, respeto y lealtad.
Recuerdo muy bien abrir la puerta de la habitación y verte ahí sentado. Me tomaste por sorpresa; deseaba verte, aunque hubiera tomado la decisión de alejarme.
Se me congeló la sangre. Volviste y gracias a eso hoy sentimos esa conexión tan genuina, esas ganas de comernos el mundo.