Hay batallas que nadie conoce, lágrimas que nadie ve y silencios que solo Dios escucha.
Hoy el Salmo 85 nos recuerda que la oración nunca cae en el vacío: Dios inclina su oído, fortalece al que confía, guía al que busca su camino y consuela al corazón herido.
No deje que el miedo tenga la última palabra. Levante hoy su alma hacia el Señor y repita con fe:
«Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor.» (Sal 85)
Que Él le conceda paz en la adversidad, fortaleza en la prueba y esperanza para seguir caminando.
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