Imposible que no me guste.
Me parece tremendamente interesante. No sé si es por la puesta en escena, por la música, por el público o por esa energía difícil de explicar que transmite.
No soy especialmente religioso, pero en Argentina muchas veces de un lado ves artistas que convierten el escenario en una celebración de la decadencia, la confusión y la transgresión vacía, del lado de los delincuentes, la droga y todo lo que rompa al ser humano. Del otro, aparece un sacerdote hablándoles directamente a los más jóvenes sobre otra forma de vida, empujando hacia la paz, el orden y las buenas costumbres, sin aburrir, sin hablarles como si fueran idiotas y sin quedarse encerrado entre convencidos.
Incluso dejando de lado la política del Vaticano o cómo se financió el evento, hay algo ahí que resulta genuinamente atractivo.
Querido diario: oficialmente terminó #MasterChefCelebrity. Ganó Ian con sus platos sobre su historia difícil y su abuela.
Mientras que Reini perdió, pero hizo un menú totalmente sofisticado. A pesar de eso, no tengo tanto odio como la edición anterior... la pucha Tomas Fonzi