Archivo de @noves_itmages
Chico Novarro y un boleto que el propio Armando Manzanero le dijo que se lo cambiaría por cualquiera de sus composiciones. Le pareció genial apenas lo escucho. Y no se equivocó. Fue grabado por una gran cantidad de intérpretes, entre ellos Luis Miguel.
“Le vi llegar. Aparcó el coche justo delante del restaurante y bajaron usted, su mujer y los dos niños. También le he servido yo la cerveza que ya ha tomado. Si después pide otra y se marcha conduciendo con sus hijos dentro, prefiero que se enfade conmigo a contribuir a que salgan así a la carretera.”
La mesa se quedó en silencio. El hombre no volvió a pedir alcohol.
Diez segundos antes parecía un camarero arrogante decidiendo lo que un cliente adulto podía o no podía beber.
Después parecía exactamente lo contrario:
un trabajador dispuesto a perder una propina y aguantar una bronca por hacer lo que consideraba responsable.
Nos hemos acostumbrado tanto a pensar que “el cliente siempre tiene la razón” que confundimos servir bien con decir siempre que sí.
Pero hay momentos en los que hacer bien tu trabajo significa precisamente estar dispuesto a incomodar a alguien.
Decir “sí” es fácil cuando quien asume las consecuencias es otro. A veces, la persona que te dice “no” no está intentando fastidiarte.
Es la única de la sala pensando en lo que puede pasar después.
Hoy quisiera que me permitan contarles, por experiencia propia, cómo es trabajar con compañeros de Izquierda.
Hablo de lo que ocurre cuando tienes que compartir oficina, cumplir horarios, asumir responsabilidades y cooperar con ellos.
Seré directo, cuando alguien tiene al resentimiento como ideología (☭), termina desarrollando una personalidad para el trabajo altamente disfuncional.
Para ellos la responsabilidad se vuelve una carga y el esfuerzo ajeno algo a lo que llaman traición de clase.
Son el tipo de trabajadores que, ante la primera oportunidad, encuentran una excusa para hacer menos, llegar tarde, esquivar responsabilidades y exigir más de lo que realmente merecen.
Pero lo más interesante aparece cuando uno de sus propios compañeros empieza a destacar.
Ahí desaparece rápidamente la supuesta solidaridad entre trabajadores. Si alguien gana más o recibe un ascenso ellos no preguntan cómo pueden aprender de esa persona, preguntan cómo pueden sabotear a esa persona.
Y entonces aparecen las armas históricas del comunismo: la intriga, el desprestigio, el acoso y la difamación. No intentan superar al que destaca, intentan desacreditarlo.
Los trabajadores de Izquierda son de esos trabajadores que llegan últimos cuando comienza la jornada y son los primeros que salen cuando llega la hora de salida.
Y esa es la ley universal del trabajador de Izquierda: la ley del mínimo esfuerzo. Eviten relacionarse con ellos, su disfuncionalidad es casi tan peligrosa como su ideología.
Querido Leo,
No puedo imaginar el dolor por el que debes estar pasando. Te mando todo mi cariño y mis condolencias a ti y a toda tu familia en estos momentos tan difíciles.
Descanse en paz, Jorge. 🙏🏻
En 1927, una joven investigadora rusa entró a un café en Berlín para almorzar y notó algo extraño en el comportamiento del camarero.
No sabía que aquella simple observación cambiaría la psicología para siempre.
Se acercó al camarero y le pidió algo muy sencillo…