Hace tiempo que el miedo ya no es la sobrepoblación en la Tierra. Ahora es el vacío.
Un artículo del New Yorker sobre la “implosión demográfica” ha encendido todas las alarmas al poner el foco en un fenómeno imparable, que cada vez nacen menos niños. En Corea del Sur, la tasa de fertilidad es de 0,72 hijos por mujer. En España, 1,16. Italia, 1,2. Alemania, 1,4. El reemplazo generacional natural requiere 2,1. Nadie llega. Ni siquiera se acercan. Y los gobiernos, impotentes, lanzan cheques bebé, campañas edulcoradas y beneficios fiscales que apenas maquillan el abismo.
Pero el verdadero problema no es técnico. Es cultural. Más aún, es existencial.
Durante medio siglo, creímos que podíamos reinventarlo todo, lo que significa la pareja, el trabajo, la familia, incluso el propio cuerpo. El relato dominante fue claro: Libertad y deseo. El matrimonio era una jaula, los hijos un obstáculo, la estabilidad un síntoma de conformismo. Había que acumular experiencias, no vínculos.
Funcionó, pero solo un rato.
Entre 1950 y 2007, Europa vivió el mayor periodo de ascenso social de la historia. Los abuelos eran campesinos, los padres obreros y los hijos licenciados. El sistema prometía más futuro que pasado. Pero desde la crisis financiera, esa curva se estancó. Para muchos jóvenes, la promesa se rompió. Ahora lo normal son estudios caros, sueldos bajos y alquileres imposibles. Pero sobre todo, la falta de redes de apoyo. Ni hogar propio, ni pareja estable, ni tampoco familia alrededor.
En España, en 2011, el 63% de las mujeres entre 24 y 35 años estaban casadas o emparejadas. En 2023, solo el 43%. Una caída de 20 puntos. No hay precedentes. Y lo peor, ni siquiera hay debate.
Hoy, quien se casa joven y tiene hijos parece un excéntrico, casi un traidor a su generación. El modelo aspiracional es otro, el de la independencia radical, una identidad líquida y el éxito profesional. Pero cuando el algoritmo se apaga y llega el domingo por la tarde, muchos descubren que no queda nadie en casa. Ni pareja. Ni hijos. Ni propósito.
Y sin propósito, todo lo demás se desmorona.
La soledad ya no es una excepción, es una pandemia invisible. Quienes viven solos consumen más ansiolíticos, sufren más enfermedades crónicas, tienen más riesgo de depresión y suicidio. En Japón, han creado un Ministerio de la Soledad. En Reino Unido, también. En España, nadie quiere hablar del tema.
Mientras tanto, las élites posan en el Ártico para “salvar el planeta” pero sin hijos que lo vean. Greta Thunberg da discursos apocalípticos mientras los nacimientos caen año tras año. No estamos dejando un planeta inhabitable. Estamos dejando un planeta vacío.
Y no se trata de obligar a nadie. Se trata de reconocer lo obvio, que tener hijos no es solo una elección privada. Es darle sentido a la vida, incluso aportar un bien social. Un acto de continuidad, de cuidado y de sentido. Pero también un lujo al que solo acceden los ricos. Porque el matrimonio, según los datos, es más estable entre clases altas. Los hogares intactos son un factor de éxito escolar, de salud mental y de prosperidad económica. Pero se nos ha olvidado decirlo.
La izquierda lo calla por pudor ideológico. La derecha lo instrumentaliza a su favor. Y mientras tanto, millones de personas se sienten culpables por desear exactamente eso: amor estable, un hogar y descendencia. Como si estuvieran traicionando al siglo XXI por querer vivir como seres humanos.
Y no, no es volver al pasado. Es dejar de vivir de espaldas al futuro.
La revolución que viene no será ideológica, será vital. No nacerá en redes sociales ni en facultades, sino en los hogares que aún resisten. No la liderarán influencers ni burócratas, sino madres y padres que se atreven a cuidar a los más vulnerables de nuestra sociedad. Que no lo hacen por nostalgia, ni por obligación. Lo hacen por amor.
Y el amor, en tiempos de cinismo y pesimismo, puede ser el acto más revolucionario de todos.
La amistad para mí; es entender que hay momentos de mucha unión, pero que también hay momentos en los que cada uno está resolviendo sus propios procesos, y la clave aquí es, que el amor, la confidencia y lealtad, siempre se mantengan intactas. Esa es una amistad incondicional.
Benditos seáis los que vais de frente, dais la mano firme y miráis a los ojos, los que nunca habéis tenido ni padrino ni red; los que sacáis la cartera para pagar y cedéis la acera a los abuelos. Los que pensáis que cuando algo está mal está mal, lo haga Agamenón o su porquero.
Andar, lo que es andar, anduve
encima siempre de las nubes,
saltando sobre el fuego de una hoguera
de una noche de San Juan.
Y otra primavera
que ha tenido que marchar.
No se podía saber, pero... yeeeeeep que en unos años vamos a ser los reyes del emprendimiento, la psicología barata y el coaching. ¡Temblad, europeos!
#EconomíaSÍ#PseudocontenidosNO
"Papá, mamá, así es cómo puede afectar la falta de privacidad digital a mi futuro. Por favor, protegedla."
Fantástico vídeo para prevenir de los riesgos del #Sharenting .
Vía @MauricioCorona@Ing_Mili
Hoy acaba el curso y decimos adiós a una asignatura que para el alumnado de 4º ESO ha sido fundamental: Economía. Decimos adiós a contenidos como la inflación, el PIB, el paro o el tipo de cambio. Decimos adiós a cursar por primera vez en la ESO una asignatura propia de Economía.
Como docente de #Economía:
❌ Digo no a las asignaturas y pseudocontenidos de homeopatía, que sólo sirven para entretener al alumnado y crear un prototipo de ciudadanos acríticos y dóciles.
✅ Digo sí al conocimiento crítico, analítico y completo que aporta la Ciencia económica.
DETENTE
A sentir el sol
a escuchar al viento
a tocar el agua
a mirar al cielo
a vivir despacio
a abrazar tu sueño
a esperar paciente
a honrar tu suelo
Y viviendo atento
oliendo la vida
sentirás caricias
que no conocías
El canto de un beso
el verso en el río
la luz en un muro