Tengo muy claro que soy reemplazable en la vida de los demás, pero también sé que ni en mil vidas encontrarán a alguien con un corazón tan genuino y puro como el mío.
Una de las mejores lecciones de vida es no forzar nada: ni conversaciones, ni amistades, ni atención, ni amor. Lo que tiene que fluir, fluye. Y lo que no, se deja ir.
Todos se creen adultos y emocionalmente maduros hasta que les toca comunicarse con honestidad, pedir perdón sin excusas y reconocer que también se equivocan. La verdadera madurez no se demuestra con palabras, sino con la capacidad de hacerse responsable de lo que uno hace y dice.