El amor muere cuando te traicionan, cuando te apuñalan por la espalda la admiración por esa persona se derrumba, se pudren los recuerdos. El amor se transforma en asco al descubrir cada mentira. Te decepcionas tanto que pasas de amar a despreciar. El amor puede sobrevivir a la ausencia, a la distancia, a la muerte, pero no sobrevive a la traición, a las mentiras, a las dudas, a la decepción. Porque traicionar es una elección, no algo accidental.
"La decepción es una herida silenciosa. No grita, no se impone; simplemente se instala en el pecho, como una sombra que enfría las expectativas. Llega cuando lo que esperábamos no se cumple, cuando alguien nos falla, o cuando nosotros mismos no alcanzamos lo que creíamos posible. Es un reflejo del deseo no correspondido, de la confianza quebrada, del ideal roto. Y duele. Duele porque antes de llegar había esperanza. Pero también enseña. Nos hace mirar con más claridad, a soltar las ilusiones y a ver a las personas y las circunstancias tal y como son. La decepción puede ser amarga, pero también puede ser el inicio de una nueva etapa. Porque si sabemos escuchar su mensaje, nacerá la fortaleza, la madurez, e incluso una forma más pura de amor, la que no idealiza, sino que acepta."
• La decepción llega en silencio y enfría lo que antes ardía de esperanza.
• Duele precisamente porque creímos en algo o en alguien.
• Nos obliga a soltar ilusiones y ver la realidad sin filtros.
• Lo que parece un golpe puede convertirse en el inicio de una versión más fuerte y madura de nosotros.