Me quedé esperando un "te extraño", un "vamos a hablar" o al menos un "espero que estés bien". Esperé una señal, por mínima que fuera, pero tu silencio absoluto fue la respuesta más clara y dolorosa que me pudiste haber dado: jamás te importó tanto como a mí.
Tener relaciones sanas es un desafío. Necesitas asumir que el otro es distinto, que su mundo emocional no es igual que el tuyo, que lo recíproco se refiere a la calidad del trato y no a la forma y que el desacuerdo, los conflictos, la autocrítica y el cambio forman parte del vínculo constantemente. Las dinámicas sólidas no son fáciles porque movilizan. Y no cualquiera está dispuesto a moverse, salir de sí mismo y romper con aprendizajes que no sirven
Tener relaciones sanas es todo un desafío. Salir de ti mismo, dejar el ego a un lado, afrontar conversaciones incómodas, ceder y considerar las necesidades del otro al mismo nivel que las tuyas es básico en una relación que funciona. Y cualquier persona no está dispuesta a hacer el esfuerzo que conlleva dejar de ponerse en el centro de su mundo
A veces la vida es como caminar bajo la lluvia. Por más que intentes no mojarte, te terminas salpicando todo. A pesar de todos los cuidados, uno nunca sale limpio.