Mira a tu alrededor. Desde mediados de verano los árboles amarillean, pierden hojas, han dejado de brotar ramas enteras… árboles que aguantaron décadas mueren repentinamente. ¿Qué ha pasado este año? ¿Qué lleva pasando tras los últimos veranos?...
Este hombre sí es un pastor. 🐑
👉🏻 Paco Morgado pastor trashumante ha recorrido miles de kilómetros junto a sus ovejas, ejerciendo un oficio ancestral, duro y sacrificado, hasta llegar al momento de su jubilación.
Eso es ser pastor.
Otros, en cambio, utilizan la palabra «ganadero» o «pastor» como una etiqueta mientras esperan que las administraciones les paguen por mantener su actividad y, cuando aparece un lobo, convierten al animal en el enemigo perfecto para seguir reclamando dinero y controles.
No todos los que viven del campo son pastores.
Un pastor cuida de su rebaño.
Un pastor conoce el territorio.
Un pastor asume responsabilidades.
Y un pastor entiende que la naturaleza también forma parte de ese territorio.
El lobo no es una nómina, ni una subvención, ni una excusa para exigir su exterminio.
Respeto para los verdaderos pastores. Y que nadie utilice su oficio para justificar el odio al lobo.
- Comenzaba la temporada para el R. Madrid
- Ponías la radio y escuchabas a Pepe Domingo: “HOLA,HOLA!” 🐐
- Ey Navidul! 🐖
- La motorsierra STHIIIIIILLL
- “Pepe, ¿está mamoneando el Madrid?”
Felicidad joder. Cómo se le echa de menos 🕊️
¿Relevo generacional? Mis Dos sobrinos: uno, trabajando ya en Mérida, y, el otro, loco por venirse a Sevilla a estudiar.
PORQUE ESTÁN HARTOS DE CABRAS.
Ahora, decirme que "hacen falta pastores", que hay que "limpiar el monte" y otras simplezas.
Mandar a vuestros hijos.
@20m Hombre, es que está claro que sólo con IVA de compra de coche, impuesto matriculación, impuesto de circulación, impuesto en la gasolina, impuesto en el seguro, impuesto en ITV, parquímetros, peajes, trámites DGT, impuestos en las reparaciones y demás, pues no da. 🤦🏻♂️
En las próximas generales, mi voto valdrá lo mismo que el de un tipo de Tegucigalpa que no ha pisado España, y que votará en una circunscripción de la que ni ha oído hablar. Quizá ni vote, pero se vote por él gracias a la opacidad del sistema. La ley de nietos es un pucherazo.
Vacaciones de verano en Galicia, el Caribe con reuma
La gente cuando piensa en vacaciones de verano se imagina el Caribe: sol, palmeras, mojitos, calorcito, agua templada y una hamaca.
Pues muy bien.
Luego vienes a Galicia y descubres el Caribe celta, donde las palmeras existen, sí… pero están agarradas al suelo con depresión, porque el nordés les pega unas hostias que parecen ventiladores industriales puestos por el demonio.
Aquí no vienes a ponerte moreno.
Aquí vienes a negociar con la meteorología.
Porque en Galicia el verano no es una estación. Es un rumor.
Un día aparece el sol y todo el mundo se vuelve loco.
—¡Salió el sol! ¡Rápido! ¡A la playa! ¡Cancela la boda, deja al niño en casa de la abuela y arranca el coche!
Porque aquí un día de sol no se disfruta. Se caza.
Tú ves un rayo de sol entrando por la ventana y reaccionas como si hubieras visto al Espíritu Santo bajando por la persiana.
—¡María, mete la tortilla en el táper! ¡Niño, ponte el bañador! ¡Abuelo, no preguntes, sube al coche!
Y sales hacia la playa con la ilusión de Benidorm.
Pero claro, esto es Galicia.
Llegas a la playa, extiendes la toalla, te quitas la camiseta, te pones crema… y en ese momento el cielo dice:
—Qué bonito todo. Sería una pena… que entrara una niebla de Mordor.
Y de repente no ves ni al de al lado.
En Galicia tú no pierdes a los niños en la playa porque se vayan lejos. Los pierdes porque aparece una bruma que parece un capítulo de misterio sin presupuesto.
—¡Kevin!
—¡Papá!
—¿Dónde estás?
—¡A dos metros!
—¡No te veo!
—¡Yo tampoco!
Y encima siempre hay un gallego tranquilo diciendo:
—Esto abre ahora.
¡Esto no abre ahora, Manolo! ¡Esto parece Silent Hill con gaviotas!
Y luego está el agua.
El Atlántico gallego.
Eso no es mar.
Eso es una terapia de choque sin consentimiento.
Tú no entras al agua. Tú te presentas voluntario a un experimento.
Metes un pie y tu cuerpo manda un email urgente al cerebro:
“Estimado usuario: se ha detectado una temperatura incompatible con la vida. Procedemos a encogerlo todo.”
En Málaga te metes en el mar y dices:
—Qué gustito.
En Galicia te metes y dices:
—¡Madre de Dios, perdóname por todo!
El agua gallega no refresca. Te borra pecados.
Sales de allí más puro, más blanco y con la voz dos tonos más alta.
Y siempre está el típico gallego metido hasta el cuello diciendo:
—Está buenísima.
¡Claro que está buenísima! ¡Para conservar merluza hasta 2037!
Ese señor no es humano. Ese señor es percebe con DNI.
Pero lo mejor es que, después de congelarte como una croqueta, sales del agua y dices:
—Qué maravilla.
Porque Galicia tiene ese veneno.
Te maltrata con cariño.
Te empapa, te congela, te despeina, te mete arena hasta en el alma… y tú vas y te enamoras.
Porque Galicia es tóxica, pero con marisco.
Y hablando de marisco: aquí la dieta de verano no existe.
En Galicia tú llegas diciendo:
—Voy a cuidarme.
Ja.
JA.
A los tres días tienes el colesterol levantando bandera blanca y el estómago mandando cartas de agradecimiento al Parlamento gallego.
Porque aquí no se come. Aquí se rinde homenaje a la vida.
Empanada, pulpo, churrasco, lacón, pimientos de Padrón, navajas, mejillones, tortilla, pan de Cea, queso, filloas, tarta de Santiago…
¡Y todo “para picar”!
En Galicia te dicen:
—Vamos a tomar algo ligero.
Y aparece una mesa que parece el inventario de un barco mercante.
—Un poco de pulpo, una empanadita, unos calamares, unas zamburiñas, unos pimientos, una tortilla, unas croquetas, un choricito…
¿Ligero?
¡Ligero es el aire, señora! ¡Esto es un secuestro gastronómico!
Y los pimientos de Padrón son el casino nacional.
“Unos pican y otros no.”
Eso no es comida. Eso es jugarte la dignidad delante de tu familia.
Coges uno con seguridad.
—Bah, yo aguanto bien el picante.
Muerdes.
Y en medio segundo estás viendo a Rosalía de Castro montada en un dragón.
Empiezas a sudar por zonas del cuerpo que no sabías que tenían poros.
—¿Pica?
—No, no… está rico.
Mentira.
Estás muriendo por dentro, pero como eres español, antes muerto que reconocerlo.
Y luego viene el licor café.
El licor café gallego debería venir con cinturón de seguridad.
Tú dices:
—Solo un chupito.
Y el paisano te sirve una copa que podría arrancar un tractor.
A partir del segundo licor café ya no hablas: emites comunicados.
Empiezas diciendo:
—Yo mañana madrugo.
Y terminas a las cuatro de la mañana bailando una cumbia con una señora de Ourense que no conoces, mientras alguien grita:
—¡Otra ronda!
Eso es Galicia.
Vienes buscando descanso y acabas en una verbena con los riñones vibrando.
Porque las fiestas gallegas son otro nivel.
En otros sitios hay conciertos.
Aquí hay orquestas con más infraestructura que la NASA.
Llega una orquesta gallega al pueblo y ocupa más terreno que una base militar.
Camiones, luces, pantallas, humo, escaleras, plataformas, bailarines, focos, confeti…
Tú ves eso y dices:
—¿Quién toca hoy, Beyoncé?
No.
La Orquesta Panorama en San Cibrán de Arriba, al lado del campo de la petanca.
Y se lía.
Se lía fuerte.
Allí baila todo el mundo: niños con helado, abuelas con abanico, padres con riñonera, adolescentes intentando ligar, un tío con camiseta de “Ibiza 1998” y un señor que lleva desde las diez con el mismo cubata y ya es parte del mobiliario urbano.
La verbena gallega es patrimonio emocional de la humanidad.
Puedes escuchar reguetón, pasodoble, ranchera, Queen, bachata, muiñeira y “Paquito el Chocolatero” en la misma hora.
Y nadie pregunta nada.
Porque en Galicia, cuando suena la orquesta, se obedece.
Luego están los fuegos.
¡Ay, los fuegos!
En Galicia no hay fiesta sin fuegos artificiales. Aquí no se celebra nada si no parece que están bombardeando la ría.
A las doce y media de la noche:
¡PUM!
Los niños llorando, los perros negociando con Dios, los abuelos diciendo “qué bonitos” y tú intentando distinguir si son fuegos o si ha explotado la churrasquería.
Y todo el mundo mirando al cielo como si hubiera aparecido la Virgen con un dron.
Pero claro, es precioso.
Galicia tiene esa habilidad: te revienta los tímpanos y tú aplaudes.
Y luego está conducir en verano.
Eso es otro deporte de riesgo.
Las carreteras gallegas no se hicieron para ir de un sitio a otro. Se hicieron para probar si de verdad quieres llegar.
Curvas, cuestas, aldeas, tractores, vacas, ciclistas, turistas frenando para hacer fotos, señales tapadas por eucaliptos y un GPS que entra en crisis existencial.
—Gire a la derecha.
¿A la derecha dónde? ¿Por ese camino donde solo cabe una cabra de lado?
Y giras.
Porque en Galicia siempre giras.
Y acabas en una aldea preciosa donde hay tres casas, un hórreo, una fuente y un bar con un señor que te mira como diciendo:
—Este no es de aquí.
Pero entras.
Y sales dos horas después con café, tortilla, historia familiar del camarero y una recomendación para comprar miel a una prima suya.
Eso no te lo da Punta Cana.
Y luego está el turista que viene a Galicia pensando:
—Aquí hará fresquito.
Sí, amigo. Fresquito.
Pero también humedad.
La humedad gallega no está en el ambiente. Está empadronada.
Se mete en la ropa, en la cama, en las paredes, en los huesos, en tus planes y en tu autoestima.
Tú tiendes una toalla en agosto y se seca en octubre.
Y si la dejas mucho tiempo, igual le salen grelos.
Pero aun así, Galicia es magia.
Porque después de todo ese caos, después del orballo, del agua congelada, del nordés, de la niebla, de las curvas, del pimiento asesino, del licor café criminal, de la verbena con decibelios ilegales y de acabar con arena hasta en la partida de nacimiento…
Miras una puesta de sol en las Cíes, en Sanxenxo, en Finisterre, en Carnota, en la ría de Vigo, en la Costa da Morte, en la playa de Samil, en cualquier rincón con mar…
Y se te pasa todo.
Todo.
Porque Galicia es una bofetada de belleza.
Una de esas que te deja callado.
Y tú, que venías quejándote del tiempo, de la lluvia, del frío y de que no te pusiste moreno, acabas diciendo:
—Qué sitio, macho. Qué sitio.
Porque Galicia no compite con el verano de otros lugares.
Galicia juega a otra cosa.
Aquí no vienes a freírte al sol como un pollo de supermercado.
Aquí vienes a vivir.
A comer como si mañana prohibieran las calorías.
A bailar en una verbena como si te hubieran hackeado las piernas.
A bañarte en agua que te devuelve la humildad.
A entender que una nube no arruina un día si después hay pulpo.
A descubrir que el sol está muy bien, sí… pero una ría con niebla también te deja el alma planchada.
Y cuando te vas, dices:
—El año que viene me voy al Mediterráneo.
Mentira podrida.
El año que viene vuelves.
Porque Galicia engancha más que el licor café de garrafa.
Te mete humedad en los huesos, salitre en la piel, pimentón en la memoria y morriña en el corazón.
En otros sitios pasas las vacaciones.
En Galicia sobrevives al verano como un campeón: mojado, congelado, empachado, despeinado, con ojeras de verbena y oliendo a churrasco…
Pero feliz.
Muy feliz.
Porque Galicia no es un destino turístico.
Galicia es una trampa emocional con marisco.
Y una vez que caes…
Ya no sales.
Como mucho, sales a por pan.
Y vuelves con empanada.
Quizás sea la última vez que pase un rebaño trashumante por #Soria.
Con esta entrada los Hermanos Pérez empiezan la temporada de verano en Tierras Altas.
Que viva la trashumancia, la cultura pastoril y las Vías Pecuarias.
Hola, chica morena que ibas en @Auvasa línea 9 que a las 16:45h te has bajado en el mercado del campillo. Se te ha caído la cartera y la tiene el conductor del autobús. Twitter, haz tu magia
@sergipeke
INTOLERABLE @naturalezacyl@apamcyl .
Basta ya de Abusos en Vías Pecuarias. Más respeto, más atención y más gestión de Vías Pecuarias. Los ganaderos y la biodiversidad las principales víctimas.
Urgente. Han comenzado las tareas del vaciado de la Laguna de Ambroz en Madrid . Se va a vaciar entera y talar los árboles de alrededor de la laguna. Todo un atentado ecológico. Van a destruir los taludes donde hay colonias de avión zapador, gorrión chillón y abejarucos europeos.
Los últimos trashumantes de Soria dicen adiós. Los hermanos Pérez de Navabellida, de la mano de @TierrasAltasSO, se despiden de su actividad como pastores serranos trashumantes tras más de 50 años recorriendo la Cañada Real.
https://t.co/huOtpouYOF
‼️ Se ruega difusión máxima para encontrar a este menor, desaparecido en Aranjuez hace 10 días.
👉🏻 Si alguien sabe algo, que contacte con @sosdesaparecido en el número indicado en el cartel, realizado por la propia asociación.