Desde hace años lo que corresponde con Maduro es la fuerza. En 2014 el régimen mataba opositores como los mata hoy. Y podemos irnos más atrás.
La voluntad es construir la fuerza, bien sea interna o externa. Como se imagina el lector, es una tarea titánica, pero que necesita estar en las manos correctas.
Eso lo entiende perfectamente María Corina. Fue la primera que lo dijo y jamás dejó de decirlo. Aquí nadie es ingenuo.
María Corina, además, a diferencia de muchos en la supuesta oposición, es decente. Y sus principios son incorruptibles.
Lo mínimo que merece, dado que ha invertido su vida entera por esta causa, es apoyo y empatía. La han apartado de sus hijos. Sus navidades y sus graduaciones. Le han quitado los negocios a su familia. La han aislado. Han acosado a su madre y más familiares. Le han matado amigos y secuestrado compañeros. Y ahí sigue. Sin ceder un milímetro, como ya hubiera cedido cualquier otro —y como siempre ceden.
Su determinación es clara. Y ha manejado cuidadosamente las expectativas: “Coño, no les puedo decir cuando, ¡pero estamos trabajando para eso!”. Y les puedo decir, empeñando el capital, que así es. Que ella y su equipo están dejando la vida en esto.
Sí hay plan. Sí hay estructura. Y los planes se adecúan, implican reaccionar a los acontecimientos y se perfeccionan. Nada es inalterable.
La coordinación que hoy tiene María Corina con aliados fundamentales, dentro y fuera de Venezuela, es óptima. Se ha rodeado de la mejor gente que tiene Venezuela.
Usted podría fácilmente aprovechar los momentos de desánimo, entendidos, para sobarse el ego y fantasear con su fracaso. Pero es injusto. Usted sabe que es injusto. Y a veces, de hecho, el desánimo no se basa en la realidad tangible. Corresponde ser fríos.
Los hechos son duros, pero el contexto es favorable. Cada quien tiene una responsabilidad. Usted decide: seguimos apoyando o nos sumamos a la perversa intención del régimen de convencernos de que han ganado y somos unos fracasados.
Usted decide.
Apresaron a Carlos Correa, un héroe personal, un defensor de derechos humanos que lleva más de 20 años especializado en libertad de expresión. Ha sido director de radio, coordinó Provea y armó luego Espacio Público.
Carlos es un pilar de los DDHH en Venezuela.
Nos da fuerzas.
La inutilidad de renunciar a la esperanza en Venezuela
En los últimos años, se ha popularizado una narrativa que descalifica las expectativas y la esperanza como mecanismos útiles para afrontar la realidad, particularmente en el contexto político y social de Venezuela. Este discurso, que suele acompañarse de una supuesta “superioridad moral”, plantea que es mejor no esperar nada para evitar otra decepción. Lo típico. Sin embargo, renunciar a la esperanza no solo es inviable en una sociedad que busca cambios, sino que también es contraproducente. La esperanza por sí sola no es una estrategia, pero sin ella nada es posible.
Las bases del relato
Quienes promueven el rechazo a las “expectativas”, más allá de los que directamente trabajan para la dictadura, suelen argumentar que esta es una postura que protege de la frustración. Es real que las expectativas no cumplidas pueden ser dolorosas, pero el miedo a la decepción no puede convertirse en la razón para paralizar una sociedad. Mucho menos para condenar a todo un país porque un grupo haya tirado la toalla para cooperar con el poder.
La renuncia a la esperanza y el bloqueo de las expectativas ajenas también suele venir acompañado de una sensación de superioridad que resulta inútil, como si el escepticismo fuese la única postura inteligente frente a un sistema corrupto y opresivo. Es todo lo contrario: resulta un desperdicio de inteligencia y termina normalizando tanto la corrupción como los horrores, porque los hace parte de un paisaje ajeno, al que la persona cree que no pertenece porque no tiene ilusiones o porque tienen buenas relaciones con los carceleros.
Estos años muchas amistades y espacios de confianza se han perdido justo por eso, porque los valores de quienes se han plegado a la sumisión cambian para adaptarse. El discurso contra la expectativas entonces es otra forma de ocultamiento de ese duelo. Pero en realidad, este enfoque puede ser tan limitado como el “optimismo ingenuo” que tanto critican. O peor, porque no es capaz de crear nuevos escenarios.
El riesgo del desencanto absoluto
En contextos de crisis, el escepticismo puede ser percibido también como un signo de madurez o pragmatismo. Como el discurso de alguien que no es débil frente a sus emociones o que ya viene de vuelta de todos los problemas. Sin embargo, este “realismo” extremo tiene consecuencias graves: Renunciar a toda esperanza no solo inmoviliza a las personas, sino que también valida la narrativa de que el cambio es imposible. Esto es especialmente peligroso en Venezuela, donde el histórico abuso de poder y la corrupción han erosionado la confianza colectiva.
Pero ¿Qué queda cuando se extingue incluso la posibilidad de soñar con algo mejor? La respuesta es clara: la resignación, la negación de la vida plena. Por eso en Venezuela se habla de “gran corrupción”. Hay un sistema corrupto que también corrompe a quienes le orbitan.
La esperanza no es ingenuidad, es resistencia
Lejos de ser un simple acto de ingenuidad, la esperanza es un acto de resistencia. Aristóteles decía: “La esperanza es el sueño del hombre despierto”. Lo complementaba Ernst Bloch diciendo que “la esperanza no pacta con el mundo existente”, porque es capaz de crear cosas nuevas y no tiene que simplemente aceptar las condiciones dadas. Tener expectativas no significa ignorar la gravedad de la situación, sino encontrar en el futuro una razón para seguir luchando.
Si bien la esperanza no garantiza el éxito, sí crea las condiciones para que el cambio sea posible. Sin ella, las acciones pierden dirección, y las luchas sociales se diluyen en el cinismo.
Esto no significa que debamos tener expectativas irreales o ignorar los riesgos. Tener esperanza no exime de planificar, organizarse y actuar con inteligencia. Sin embargo, rechazarla por completo deja a las personas sin la energía emocional necesaria para impulsar cambios significativos.
El escepticismo extremo también puede ser contraproducente. La solución entonces no es eliminar las expectativas, sino ajustarlas. Dejar constancia de que incluso en los momentos más difíciles se hicieron las cosas correctas, bien, lo mejor posible, prepararse para lo peor y actuar con la intención más productiva posible, que significa no facilitarle nada a los perpetradores ni ceder a los chantajes que van surgiendo. Entonces no se trata de una esperanza de esperar sino la de trabajar mucho, fortalecer lazos de confianza, tener proyectos comunes y caminar juntos.
Por qué Venezuela necesita esperanza
En una sociedad como la venezolana, devastada por años de crisis humanitaria y política, la esperanza no es un lujo, es una necesidad. Los cambios sociales y políticos comenzaron con personas que pensaron imposibles, hasta que se hace, como decía Mandela. Así que la esperanza es la semilla de la acción colectiva.
Renunciar a la esperanza es, en el fondo, una forma de ceder ante el poder opresivo que busca perpetuarse y aislar a los que sueñan cambios. Por eso censura, compra o controla las narrativas, los discursos, los medios y trata de buscar facilitadores que multipliquen la desesperanza. Entonces el juego es hacer lo contrario: mantener vivas las expectativas, incluso frente a un sistema que parece inquebrantable, es un acto político y de dignidad humana. Es una elección y es la mejor posible.
Como cierre
Decir que no hay que tener expectativas ni esperanza es un consejo vacío, especialmente para quienes luchan por un cambio político en Venezuela. Es cierto que las expectativas deben ser acompañadas de acción y realismo, pero abandonarlas equivale a rendirse.
La esperanza, bien dirigida, no es ingenuidad: es la fuerza que mueve al ser humano a desafiar lo inmutable y a construir futuros mejores.
En ese futuro, cabes tú. En el país de los desesperanzados, los corruptos y sus aliados, no. Por eso se necesita un cambio.
¡Wow! Un aplauso de pie para el señor embajador de Uruguay ante la OEA @turkabdala por su ferviente compromiso con la libertad de Venezuela.
Estas palabras deberían escucharlas todos los venezolanos.
¡NO ESTÁN SOLOS! 👏👏👏
Carta abierta a la opinión pública:
A raíz de las declaraciones realizadas el día 12 de septiembre en Cartagena, en el marco del Congreso del gremio de las Cámaras de Comercio (Confecámaras), por el señor ministro de Hacienda, Ricardo Bonilla, y por el señor contralor General de la República, Carlos Hernán Rodríguez, con relación a la situación de Afinia, me permito hacer las siguientes precisiones:
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La enseñanza digital es lo normal en Suecia, pero ahora el Gobierno anunció la introducción de #libros de verdad. Según el profesorado, los alumnos comprenden menos lo que leen dada la excesiva #digitalización. /ft
El verdadero periodista es un cronista de la época que no debe quedarse en el presente, debe hacer un ejercicio que trascienda, contextualizar y ponerlo en la historia, dice la profe Érika Jaillier en Cátedra abierta "El conocimiento es todo un cuento" en @upbcolombia@pcontexto
¿Cómo está el proceso de innovación de la televisión? Este será el tema central en el foro que tendremos con @Ministerio_TIC, @Teleantioquia y @upbcolombia.
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Cambiar la imagen de las personas mayores en los medios, presentar el envejecimiento como un proceso con potencialidades productivo y saludable, dice Concha León Portilla en Congreso de Gerontología y Comunicación en @upbcolombia
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