estoy fingiendo mi muerte, posando el dorso de mi mano en mi frente, cubriendo mi visión y gimiendo adolorido mientras abro un ojito para ver si me hacen caso. ugh, ugh, cof, cof, veo la luz.
en mi intento desesperado para no sentir y admitir que algo me duele, quiero pedir a otros que me partan a la mitad con una sierra, que rebanen mi piel, que mis viceras y sangre se escurra por el suelo mientras grito en agonía por piedad ante algo que yo mismo pedí.
quiero decirle que puedo arreglarlo mientras me restriego a a centímetros de su boca, colgando de ella, suplicando por el contacto con sus labios, puedo arreglarte, solo déjame entrar.
es tiempo de armar la pieza que desarmé después de que hiciera corto pero ya estoy sobreestimulado, me arden los ojos, no me acuerdo cómo iba y he inhalado gases tóxicos.
no es sobre el alcohol. estoy viendo por las grietas, en las esquinas a escondidas y sigo queriendo desaparecer, cuanta vergüenza hay en ser un adicto a los estímulos temporales.
quiero no haber sido una versión de mí en el pasado, me invade algo muy parecido a la resaca, me da vueltas y me duele la cabeza, estuve mal copeando durante la fiesta y aunque quiera, no puedo ocultar que me he vuelto un mal bebedor.
me fascina—insisto—tener tanta confianza con alguien y simplemente aparecer en sus dms a cualquier hora y decir “pienso que…” y compartir el pensamiento más casual de alguna hiperfijacion y tener la certeza de que me dirá lo que piensa también.
me sacia hablar por ahí; no soy distinto del vagabundo que deambula por las calles a horas desiertas, acompañado por los grillos y algún ratón que se escabulle por los pies; balbuceando, donde las palabras nada significan para quien no ve a través de ellas.