este domingo no se juega solo una final del mundial: se enfrentan dos formas opuestas de entender la vida
por un lado, Argentina representa la materialización una low trust society. la exaltación de la trampa, el marrullerismo con la excusa de la pasión
un equipo que ha llegado a la final arrastrándose entre ayudas arbitrales y juego sucio, porque en su modelo del mundo el que respeta las reglas es un pardillo
se aprecia en la estética: tíos hiper-tatuados que parecen sacados del patio de una carcel panameña, sin clase, sin saber estar y con un comportamiento visceral sin respeto por el rival
por el otro lado, España representa el orden, la estructura, la táctica. el respeto por el rival y por las normas del juego. La representación de una high trust society y de los valores europeos llevados al césped: un sistema donde cada individuo cumple su función sin hacer trampas, porque confía en que el sistema y el esfuerzo colectivo le van a recompensar
no es solo fútbol, este domingo se enfrenta la civilización contra la barbarie
Imagínate que eres jugador de Argentina y te metes en Twitter: el baile que te pegó España en una final del mundo fue tan catedralicio que tu gente ha optado por creer en ovnis que controlaban el balón y que una bruja os lanzó una maldición. Es lo más humillante que vivirá un jugador en toda su carrera.
Argentina es un gran país, como todos los países que son hijos de España, su madre patria. Los habituales “piques” humorísticos del Mundial no deben deformar esta realidad histórica.
No existe una campaña global antiargentina. El principal enemigo de Argentina habita en la Casa Rosada. En efecto, Mileikowsky, disolvente agente anglo-sionista, es quien trabaja para “extranjerizar”, sin límites, las ricas tierras rurales de esta nación, especialmente las de la Patagonia. Este “crimen” libertario se verá avalado legalmente el próximo 6 de agosto si el pueblo argentino no se opone enérgicamente al tirano, el cual se está aprovechando de la actual “distracción” de la gente con el “opio futbolístico” y las ficticias elucubraciones conspiranoicas, fomentadas no por los nobles aficionados entusiastas, sino por los fanáticos idólatras, que son los que más ruido hacen.
Como dije ayer, Argentina no ha perdido nada en el Mundial, así como España tampoco ha ganado absolutamente nada; ha sido todo una “gran ilusión” para manipular a las masas. Con todos estos “fenómenos” y “performances”, el pueblo nunca gana; quienes se benefician son los mismos de siempre, o sea, los plutócratas explotadores y sin escrúpulos, enemigos mortales del bien común de la república y de la justicia social.
no hay ninguna conspiración judeomasónica ni ninguna "campaña de odio" internacional contra argentina
lo que hay es una reacción natural al comportamiento lamentable y marrullero de sus jugadores durante todo el torneo
ha sido literalmente en el evento deportivo más visto de la historia de la humanidad. Los jugadores que mandas, te guste o no, son representantes tu cultura y tus valores ante el resto del mundo
si se pasan un mes entero haciendo gitanadas, provocando y comportándose como un pandilleros en vez de como deportistas de élite, luego no te sorprendas si el resto del mundo les coge asco
aunque lo verdaderamente preocupante no es la actitud de los jugadores, lo preocupante es la incapacidad absoluta de la sociedad argentina para reconocerlo y hacer un mínimo de autocrítica
que millones de personas no solo no lo condenen, sino que aplaudan esa falta de civismo como si fuera una virtud ("la viveza"), habla muchísimo peor del país que cualquier otra cosa
Tengo que hablar de las criticas contra Argentina en esta copa del mundo, de lo que tienen para mostrar y de lo que tenemos que reprochar. Argentina me corre por las venas. Su gente amorosa, familiar y con tanto valor por la amistad y orgullo por su país me copan el corazón. Aquí mis reflexiones. Espero las de ustedes, pero vayamos por la razón y no por lo que el algoritmo está moviendo en las redes.
No me parece ni medio normal el odio y la manera que tienen de expresarse toda esta gente de Argentina. Y mira que ahí buena gente allí.
Pero qué vergüenza ajena.
No saben perder y siguen soltando bilis después de 3 días.
Estimado don Alejandro @alefinocchiaro, el cariño que he manifestado (y demostrado) en infinitas ocasiones por la Argentina me respalda para comentar lo que, en este caso concreto, no me gustó. Vi el partido, ésa es mi honrada impresión y procuré matizar bien mis palabras en el tuit. En cuanto la zafiedad, la brutalidad y la violencia, una parte de la sociedad española tampoco es ajena a ellas, pero sigo creyendo que el comportamiento de algunos jugadores de la selección argentina en ese partido no fue elegante. Eso me entristeció mucho, como me entristece ahora que se considere mi comentario un ataque a la Argentina. Gracias por su respeto y un saludo.
Hay numerosos argentinos que han encontrado consuelo a su derrota en la final del Mundial en la apreciación de que la selección española (y los españoles, en general) han sido muy comedidos a la hora de celebrar su victoria. Si ese sentimiento es generalizado en Argentina (que no lo sé), esto nos ofrecería una pista clara sobre las razones por las que el país del Río de la Plata ha estado en la ruina y, sobre todo, de las consecuencias de haber sufrido dicha ruina durante tanto tiempo.
En las sociedades modernas, el deporte de competición es la vía de escape habitual a los pesares del día a día. Más en concreto, el fútbol ofrece a muchísimas personas una existencia en miniatura en la que poder experimentar, sin la amenaza del abismo, los límites emocionales de una vida que de por sí, tal vez, nunca dé para tanto. El entusiasmo, ese sentimiento que los griegos definieron con la impresión de "llevar un dios dentro", habitualmente requiere una plenitud trabajada, una sensibilidad construida con esfuerzo y alejada de las inercias de lo inmediato. El fútbol proporciona un atajo, quizá no a ese entusiasmo puro, pero sí a un sucedáneo en el que la felicidad no depende del bienestar familiar, del éxito laboral o de las mieles del amor logrado, sino de que unos señores sean capaces o no de meter una pelota dentro de una portería.
La historia de Argentina ha dado muchos motivos para este acto de escapismo, para esta enajenación. Décadas de inflación, crisis recurrentes, devaluaciones, corrupción y frustración política han convertido las grandes victorias deportivas en uno de los pocos territorios donde la nación podía reconocerse en el espejo de su elevada autopercepción. Los españoles, en cambio, transitamos en un contexto distinto y, en cierta manera, antagónico: la excepcionalidad española rara vez la sentimos para bien y la autocrítica es parte de nuestra idiosincrasia nacional. Los éxitos deportivos, más que demostrarnos lo buenos que realmente somos, se nos aparecen como refugios en los que experimentar que tan malos no seremos.
Después de una generación de éxitos extraordinarios (en fútbol, baloncesto, tenis, bádminton o motociclismo), las victorias españolas parece que han perdido parte de su carácter milagroso y las derrotas, aunque duelan, ya no anuncian una nueva decadencia nacional. El deporte ha recuperado, en cierta medida, su condición de juego.
Quizá esa sea la diferencia más importante entre una sociedad próspera y otra acostumbrada a vivir en la incertidumbre. La primera puede permitirse celebrar sin humillar porque sabe que su bienestar no depende del marcador. La segunda deposita sobre noventa minutos una carga emocional insostenible y tóxica. Cuando el balón carga con el peso de la economía, de la política y de la autoestima nacional, se puede decir que adquiere la condición de opio del pueblo.
🚨Sarah Santaolalla defendió SIEMPRE a Zapatero. Decía que solo era un jubilado deportista. Después se descubrió la verdad: era amigo suyo y de Javier Ruiz. Quedaban para cenar juntos.
Ese es el periodismo en España
Hoy Javierito lo blanqueará en #Mañaneros23J
La TV de Moncloa.
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Ya somos 7.500 disidentes.
Falta que entres tú: https://t.co/JtP6bmpKel
PD: el «Manual del Disidente» te llega al correo en cuanto entras. Sin hacer nada más.
VUELVO a REPETIR ESQUEMATICAMENTE en 3 IMÁGENES lo que ESTÁ PASANDO en el MUNDO propiciado por la pérdida de hegemonía anglosionista:
1- PROBLEMA
2- MEDIO
3- SOLUCIÓN
Me pasó este vídeo hoy mi amigo, camarada y referente @MarianoUtin. Aplicable a cualquier país sus enseñanza. Con ustedes, el polímata argentino Alejandro Dolina. Para que todos reflexionemos.
Qué bonito esto. La silla monoblock, el abuelo con las bermudas y la camisa de manga corta desabotonada, la conversación de fondo.
Creo que esto es una experiencia compartida no solo en Extremadura ni en España, sino en un porcentaje significativo de la población mundial.
Es gracioso ver como los mercaderes del outrage pseudo político intentan extraer algo del Mundial que sirva las banderas que los alimentan.
Es todo ridículamente reduccionista. Da igual si escogen la desigualdad o la religión, el mérito, la adversidad, la multiculturalidad o la identidad nativista.
El mundial puede enseñarnos cosas valiosas. Yo mismo he escrito de lo que dice sobre nuestra globalización. Pero como todo lo que es real, nunca será una única cosa. Será un entramado complejo de virtudes y defectos, costes y beneficios, dilemas y equilibrios. Entre oportunidad y mérito; egoísmo y altruismo; calma y obsesión. Los futbolistas encarnan todo esto. Y lo hacen con las contradicciones inevitables de un equipo que reúne competidores extremos para jugar un juego de orden, habilidad y azar.