mis padres no criaron a ninguna tibia, yo pago, yo resuelvo, lo hago cansada, lo hago con miedo, con el corazón roto, enferma, con dudas.
Pero lo hago y lo seguiré haciendo.
A esta edad ya deben invitarme a planes tranqui:
— Ver el atardecer en silencio.
— Probar cafeterías con encanto.
— Ideas que facturen durmiendo.
— Comprar sábanas de 500 hilos.
— Entrenar para vivir 100 años.
Bienvenida a mi rincón seguro. 🤎🕯️🌿
Mi papá siempre arreglaba todo.
Todo.
El grifo.
La puerta.
La bicicleta.
Decía que pagarle a alguien por eso era perder plata.
Cuando se dañaba algo en mi casa, yo llamaba a un técnico.
Era más rápido.
Más fácil.
Un día mi papá vino a visitarme.
Vio una lámpara que no funcionaba.
—Eso es fácil —dijo.
En diez minutos estaba arreglada.
Se veía feliz.
Como si hubiera ganado algo.
Antes de irse me dijo algo simple:
—A los papás nos gusta sentir que todavía servimos para algo.
No lo había pensado.
A veces creemos que nos están ayudando con cosas pequeñas.
Pero para ellos…
es su forma de seguir siendo necesarios.