Me salí y me senté afuera de mi casa, mientras el viento, el silencio y la soledad me pegaban de frente, dándome cuenta de que si estoy o no, a nadie le importa, todos siguen igual, mi ausencia no les afecta en nada.
Siempre odie mi cumpleaños, pero definitivamente este año fue el peor, no por el número, sino por las personas con las que me rodean, yo no espero regalos, yo espero afecto, algo que grite que "hoy es mi día".