Estoy en el aeropuerto de Cancún, esperando mi vuelo a Guatemala.
Me senté a desayunar en un café y me atendió una chica embarazada de seis meses. No dejó de trabajar un solo segundo: atendía a todos con una dedicación admirable.
Le pregunté por su embarazo. Es un niño, su primer hijo. Todavía ella y su marido no logran ponerse de acuerdo con el nombre.
¿Saben qué fue lo que más me llamó la atención?
Lo radiante que se veía. Hay algo especial en una mujer embarazada: irradia una energía distinta, creadora, llena de vida. Es como si pudiera verse su luz.
¡Viva la vida! ¡Viva la maternidad! Que Dios proteja a todas las madres y a cada niño que está por nacer.