Cada vez que muere una Madre de Plaza de Mayo, se apaga una parte de la memoria viva de nuestro país. Se van sin haber recibido toda la justicia que merecían, y nos dejan la responsabilidad de no olvidar y seguir luchando por la verdad.
Un grupo de mujeres se enfrentó a la maquinaria genocida más terrorífica jamás creada en nuestro país. Fueron al frente solo con un pañuelo. Cada vez que perdemos a una de ellas se nos apaga un poco la brújula.
Descansa en paz, Taty querida.