Indescriptible lo feliz que me hace el concepto de armar una picada, comprar una picada, consumir una picada y todo lo relacionado a la variedad de fiambres, quesos y snacks cortaditos en una tabla de madera
Soy hija de la universidad pública.
La que es reconocida en todo el mundo, la que formó a 3 premios Nobel argentinos en Ciencia y que es sinónimo de progreso como así también de movilidad social ascendente.
Estudié Derecho en la UBA y Seguridad en la UTN. El esfuerzo de millones de argentinos anónimos logró que miles como yo pudiéramos recibirnos en la Universidad Pública.
Ayer al ver la marcha multitudinaria, pensé en que está muy bien luchar por la Universidad pero de calidad, libre, y para todos, donde pienses y no te bochen por decir lo que pensás, donde puedas estudiar y no tengas que ver carteles del infame Che Guevara, Marx o las señoras de los pañuelos blancos que se enriquecieron los bolsillos con una tragedia.
Qué orgullo para los argentinos la universidad pública, pero qué tristeza que sea usada por los que pusieron de rodillas la educación, hablaron en inclusivo deformando el idioma, metieron el veneno de sus ideologías y justifican que los argentinos que no comen le paguen la universidad a extranjeros sin ningún apego a la Argentina que los cobija.
Ayer pensé en los miles de chicos que durante el gobierno de los K dejaron la escuela, no aprendieron nada, no saben sumar, escribir o restar y van a padecer la demagogia de un slogan que solo sirve para que cadáveres políticos como CFK, Massa, Tati Almeyda o Pérez Esquivel tengan 5 minutos más de fama a costa de los demás, como siempre fue.
Yo quiero una Universidad Pública que sea orgullo, no un tongo de estudiantes y adultos de izquierda, quiero una UBA donde puedas hablar y pensar como quieras sin que te impongan la policía del pensamiento.
Y principalmente quiero una UBA donde el dinero de todos los argentinos no sea malgastado para bancar los kioscos y la sed de sangre fresca de los parásitos de siempre.
La educación pública es un derecho, pero auditar y garantizar transparencia una obligación.
Dice hoy Alejandro Poli Gonzalvo en una nota escrita para el diario La Nación:
“Como en la época de Alberdi, estamos viviendo tiempos excepcionales. Y entonces cabe preguntarse ¿cuál es la misión de la política en tiempos excepcionales? Para regresar a las ideas que hicieron grande al país, la Argentina requiere de una auténtica revolución en democracia. En democracia, sí; pero una revolución. La filosofía política de Alberdi impulsó combatir la prolongada decadencia del país mediante el respeto a la realidad argentina, pero apostando muy fuerte para transformarla de raíz. Y para ese fin empoderaba al Poder Ejecutivo. La realidad actual es que venimos de décadas de pobreza creciente, en la que intereses particulares luchan por conservar sus privilegios. Al mismo tiempo, la sociedad argentina votó por un cambio radical del sistema socioeconómico que engendró esa pobreza y esos privilegios. El presidencialismo que alumbró Alberdi hoy está representado por un Poder Ejecutivo decidido a liderar un cambio largamente demorado. En consecuencia, los legisladores que deberán deliberar en el Congreso no pueden hacerse los distraídos e ignorar el mandato claro y expreso de los ciudadanos, de quienes son sus representantes”.
IMPECABLE
Argentina es un país muy fácil de entender:
-La gente que vive del Estado quiere un Estado más grande.
-La gente que mantiene al Estado quiere un Estado más chico.
Presidente, el contagio no es delito. El delito es violar las normas dispuestas para evitar el contagio, el Código Penal, que usted se jacta de enseñar, lo dice explícitamente. Si, además, quien viola las normas es el mismo que las dictó, además de delito es una inmoralidad.