Os voy a pedir un favor: no caigáis en lo de ��me he radicalizado».
No, tú no te has radicalizado. Tú no apoyas pactar con asesinos. Tú no te alías con quienes dieron un golpe de estado. Tú no has enfrentado a los españoles de todas las maneras posibles. Tú no liberas a violadores o les reduces las condenas. Tú no votas a un sinvergüenza que se lucró y se lucra de la explotación sexual incluso de menores. Tú no llamas violadores a todos los hombres. Tú no quieres que señoras con próstata se metan en el vestuario con niñas pequeñas o las apalicen en el deporte. Tú no votas a quienes robaron miles de millones mientras los españoles estábamos encerrados en casa. Tú no sigues ciegamente a quien tiene a su familia, sus secretarios generales y su FGE imputados o en la cárcel. Tú no defiendes empobrecer a los españoles, achicharrando a impuestos a los pocos que siguen trabajando para las que Jessicas, Dulces Marías y Fátima vivan a cuerpo de reinas. Tú no quieres asesinar a bebés hasta el mismo día del su nacimiento. Tú no te alegras cuando un tarado de derechas acaba con la vida de alguien de izquierdas (bueno, esto no pasa porque siempre es al revés).
Tú no entiendes que no haya divisiones ni consecuencias tras 46 muertos. Tú quieres que las víctimas de la DANA sean atendidas. Y las del volcán de la Palma. Y las de Adamuz. Porque a ti te importan las personas, no los eslóganes. Porque eres consciente de que te roban cada mes y quieres ver los resultados.
Tú estás al lado de tus compatriotas ceutíes y no los abandonas siguiendo las órdenes del Gobierno. Tú no ocultas violaciones cuando el violador es inmigrante. Tú no abandonas a mujeres y homosexuales importando culturas que los odian y asesinan. Tú no hablas con soberbia a quienes lo han perdido todo por culpa del Gobierno. Ni los insultas. Tú sólo quieres caminar tranquilo por la calle, trabajar y poder dar a tus hijos un futuro.
Tú no repites consignas para defender la corrupción masiva, el desgobierno y el empobrecimiento. Tú no te ríes cuando se dice «puta España» pero levantas el dedito cuando se insulta a los moros. Tú no odias a tu país, pero gritas por países que ni sabes situar en el mapa. Tú no te conmueves ante un anciano muriendo en soledad, pero chillas muy fuerte por bigardos de dos metros que te venden como menores. Tú no quieres que a Mojamé se le atienda por la cara y el primero en el hospital, mientras millones de nuestros abuelos sigues esperando una ayuda para la dependencia. Tú quieres que los violadores y los asesinos paguen, no los defiendes ni te bastarían unos cursitos para su redención.
Tú tienes la educación que te enseñaron en casa. Y cortesía. Y, cuando sales a manifestarte, no queda rastro. Tú no agredes a quienes no piensan como tú. Porque tú estás siempre con el que sufre de verdad, no con la campaña de publicidad barata montada por una recua de psicópatas.
Sé que me dejo cientos de ejemplos porque el despropósito que vivimos da para una enciclopedia, pero esto es sólo un resumen.
Así que no, tú no eres un radical, sólo una persona con moral, principios y cerebro. No lo olvidéis y no les hagáis el juego. Aquí sólo hay una parte radical, deleznable y purulenta, y esa es la izquierda. Toda la izquierda.
El nivel brutal de lavado de cerebro, adoctrinamiento, e ingeniería social, que hay que tener, para decir que los Ceutíes son racistas, fascistas y ultraderechistas, por querer fuera a miles y miles de invasores marroquíes y africanos.
"La violencia nunca es el camino" es una frase que sólo pueden pronunciar personas amorales, porque es la frase que te impide defender lo más sagrado que tienes frente a un tipo que está dispuesto a arrebatártelo.