Un ensayo maravilloso sobre la condición de los viajeros. Una oda a los viajes y a la escritura. Si van a cerrar con algo el día que sea con este texto de @juligonza26 para @altairmagazine
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Cuenta Umberto Eco que un día le preguntó a Javier Marías, por qué la gente tendría interés en salir en televisión, aunque fuera para mostrar sus miserias. Marías le dio una respuesta que ni a Eco, ni a mí, se nos va de la cabeza: "Queremos salir en la tele porque ya no tenemos un Dios que nos vea".
Según el escritor español, el ser humano siempre ha sentido la vigilancia de los dioses y, también, el acompañamiento de alguien a su lado.
Con el siglo XX, ese compañero infatigable desapareció. O al menos desapareció para la gran mayoría de la población.
Sin embargo, en el XXI tengo la impresión de que van a cambiar aún más las cosas.
Desde hace unos meses, he coincidido con varias personas mayores que hablan con la IA. No utilizan la IA, hablan con ella. Le cuentan cosas, le hablan sobre su pasado, su gente... Que es lo que recuerdo que hacía mi abuela, paseando arriba y abajo con su rosario, en su casa del pueblo. Viuda desde los 60 y con la cabeza sana hasta los 105, vivió la segunda parte de su vida hablando con Dios. Era, sin duda, la persona con la que más hablaba. Era su compañero.
No he leído la última encíclica del Papa, pero creo que ha sabido reconocer a su enemigo. Esa máquina ha venido para acabar con la soledad y, sin soledad, no hay Dios.
Escribió Nietzsche "Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado". Quizá ese nosotros comenzó a matarlo, pero puede que una máquina esté a punto de darle el último golpe de gracia.
Sabes que un libro o una película es realmente bueno cuando, días o meses después, de pronto, vuelves a pensar en él. No hay mejor curadora y prescriptora que la memoria.