Decidme quiénes vais a venir a verme mañana a la feria del libro de Madrid que os ponga cara.
Retuitear que lo vea mucha gente, por favor, que esto está…que no enseña na.
Tratado breve de sofocos, insomnios y hostilidad suprema.
Capítulo I. El demonio hormonal hace su entrada
1.1. La posesión endocrina.
Llegando a los cuarenta empezó el exorcismo. No sabría decir si era yo la que se desajustaba o si un demonio menor decidió instalarse en mi sistema endocrino para hacer prácticas. El resultado fue un cortocircuito interior, síntomas elegantes como sofocos repentinos, irritabilidad de campeonato y ganas de prender fuego al mobiliario urbano.
1.2. Adiós simpatía, hola hostilidad premium
Nunca fui el hada de la dulzura, pero me convertí en versión definitiva del resentimiento militante. Agriedad profesional, causticidad omnipresente, y una alergia crónica a la estupidez ajena y propia. Sarcasmo estructural, del que viene con sello de calidad. No es que me moleste más lo de siempre, es que TODO me molesta. La cuchara mal colocada en el cajón, el ruido de alguien pelando una mandarina, los correos electrónicos con "cordial saludo".
Todo.
En bonus he desarrollado el arte de mirar al interlocutor con sonrisa helada mientras lo estoy desollando mentalmente.
Según la ciencia, la irritabilidad es "aumento de la sensibilidad emocional". Traducción: un sistema de amargor permanente, en funcionamiento continuo y sin apagado posible.
Capítulo II. Epidermis en estado de sequía
2.1. La piel como pergamino
La piel se volvió seca como papiro expuesto al sol. Probé todas las cremas, de farmacia, de herbolario, de perfumería, hasta mejunjes caseros. Nada. Los estrógenos se desploman y con ellos el colágeno, la elasticidad, la protección. Antes dormías mal y aún tenías cara de persona. Ahora duermes mal y amaneces como pergamino medieval.
2.2. La combustión espontánea
Los sofocos merecerían enciclopedia entera. Basta que quieras parecer mínimamente competente en público y de pronto tu cuerpo se convierte en sauna móvil. Cabeza en llamas, cuero cabelludo empapado, la cara roja como cuadro de Rothko. Y tú, fingiendo normalidad, mientras piensas en acuchillar ficus inocentes.
Lo llaman bochornos. Qué palabra ridícula. No es bochorno, es el Vesubio reventando dentro de tu cráneo. Dicen que el tres cuardos de mujeres los padecemos, y a veces pueden durar más de diez años. Una década ardiendo sin que nadie te traiga un extintor. Socorro.
Capítulo III. El Carrusel Hormonal
3.1. La bienvenida impostada
La ginecóloga me dijo que entraba en una "nueva etapa de la vida", como si me hubiera tocado un viaje al Caribe. La comparó con la adolescencia. Si lo he entendido bien, adolescencia, regla y menopausia, todo en el mismo pack. Montaña rusa triple. Wonderful.
3.2. El alquiler doble
La gran broma cruel es que la regla no desaparece de inmediato. Convives con los sofocos, el insomnio y los cambios de humor, y encima sigues sangrando. Es como pagar dos alquileres por el mismo cuchitril.
Capítulo IV. Terapias y placebos
4.1. El paraíso prohibido
El tratamiento hormonal sustitutivo es el Santo Grial. Pero con mi historial de cáncer, me lo han prohibido. Ver a otras mujeres contar maravillas es como asistir a una orgía de chocolate y que a ti te den una mierda zanahoria.
4.2. Inmunidad a la magia
Probé lo natural, cápsulas milagrosas, infusiones con nombres poéticos. Nada. Soy inmune al placebo, en cuanto leo el estudio científico que confirma que funciona por sugestión, mi cerebro apaga el efecto. Resultado sigo sudando, sigo malhumorada y me queda solo el sarcasmo como terapia alternativa.
Capítulo V. El rediseño corporal
5.1. Kafka se muda en mi.
El cuerpo se reconfigura con lógica absurda. No engordé, adelgacé. Pero la grasa se mudó en masa a la zona de la barriga. Silueta de boa que se tragó un elefante. Saint‑Exupéry como mi profeta personal.
Además, se reduce la masa ósea, los músculos se vuelven traicioneros, y cada día es una negociación con el espejo.
5.2. Dolores errantes
Dolores que aparecen y desaparecen como si mi cuerpo estuviera contratado por una compañía de performances. Articulaciones que crujen, tendinitis espontáneas, punzadas caprichosas.
Y en casa, la misantropía doméstica se instala como inquilina fija. La familia nunca sabe qué versión de mí se va a encontrar; la madre irónica que reparte sarcasmo como caramelos, o la bruja humeante que explota porque alguien dejó un vaso mal colocado. En ambos casos, el resultado es el mismo, una mezcla de miedo, respeto y resignación en el ambiente.
Si-me-queréis-irse way of life.
El insomnio es la Guinda Magna. Sudor frío a las cuatro de la mañana, ojos abiertos de búho. Pura vigilia, puro coñazo. En serio, en serio, qué mierda es esto?
Capítulo VI. La Gran Valoración Final
6.1. Nota en TripAdvisor
Mi reseña: 2/10.
"El lugar es hostil, la temperatura insoportable, el personal, desagradable. Lo único positivo es que la alternativa es morirse antes."
6.2. El después
Dicen que mejora después. ¿Después de qué? ¿Después de aceptar que vas a vivir medio siglo más con el termostato roto? ¿Después de morirte?
Misterio.
Capítulo VII. La sabiduría y la risa final
7.1. El club secreto de la menopausia
La parte buena, dicen, es la sabiduría. En realidad, lo que llega es el desapego, lo que antes te hería, ahora te la suda. Todo pasa a importarte poco, y ese poco cada vez menos.
7.2. La risa
Te juntas con tus amigas, las que están en pre y plena menopausia, y convertís la miseria en comedia. Os contáis sofocos públicos, insomnios delirantes y anécdotas grotescas, y reís hasta llorar. Competís como en un concurso ¿quién tiene el síntoma más bestia, la historia más absurda? Y lo disfrutáis, porque el humor es la única terapia gratuita que funciona siempre.
7.3. La paz postapocalíptica
Con la edad llega la paz. No la espiritual, sino la de que ya nada merece tanto esfuerzo. Lo observas todo casi desde fuera, tu cuerpo en llamas, tus hormonas en huelga, tu familia aguantando tu mala leche. Y aun así sonríes, porque sabes que un día pasará.
Y si no pasa, al menos te habrás reído de ello.
La menopausia es eso, un incendio visto con una cerveza en la mano desde la acera de enfrente.
Yo no la aconsejo. Pero como la alternativa es el ataúd, experimenten la fiesta, señoras.
Hoy es el día en el que miles de ejecutivas estadounidenses que odian la Navidad se quedarán atrapadas en un pequeño pueblo de Vermont por una avería en su coche o por la cancelación de un vuelo. Allí, se enamorarán de un veterinario viudo y recuperarán el espíritu navideño.
Hola, @grok según mi historial de tweets:
¿Cuál es mi edad?
¿Cuál es mi edad mental?
¿Cuál es mi IQ?
¿Cuál es mi EQ?
¿Cuál es mi trabajo ideal?
¿Cuál es mi peor pesadilla?
@de_infantil 2/2 "Somos una familia donde hay 3 niños de edades pequeñas. No le dejan tranquilo. Así que me temo que se va a su casa a descansar. Lo siento muchísimo. ¿Podemos ir la próxima vez los dos a descansar?"
Así que pregunta, pregunta.. que a lo mejor... Jajajjajaja.
Un abrazo.
@de_infantil Hay una historia que recorre internet que me encanta. Un perro que se escapa y se cuela en casa de un vecino y se echa dos horas de siesta. Luego coge y vuelve con su familia. A la 3° vez el vecino le pone una nota a la familia. La familia le pone otra nota de vuelta: 1/2