@LaSalitadelSin Moraleja: Si tienes de 18 a más, no puedes ponerte frente a un micrófono y hablar huev... sin antes asesorarte. Chibolos adultos, adultos chibolos.
América Latina no puede seguir aceptando, con resignación o cinismo, el papel de patio trasero de los Estados Unidos. Ninguna nación que se pretenda soberana debería vivir pendiente de los movimientos de potencias que actúan como si el derecho internacional fuera una recomendación opcional: Estados Unidos, Rusia, China, Irán, Israel. Cambian los discursos, varían las banderas, pero la lógica es la misma: intervenir primero, explicar después —si es que se explica.
Conviene decirlo sin rodeos. Nicolás Maduro es un dictador, del mismo modo que lo es Miguel Díaz-Canel. La diferencia no es moral ni política, sino económica: uno gobierna sobre petróleo; el otro, sobre azúcar, tabaco y ron. El valor estratégico del recurso define el tono de la indignación internacional. No es una cuestión de principios, sino de intereses.
Estados Unidos —como los demás actores mencionados— no puede seguir asumiendo el rol de policía del mundo sin asumir también las responsabilidades que ese papel implica. Si de verdad se trata de combatir el narcotráfico, entonces habría que empezar por casa: detener a los grandes distribuidores, perseguir el lavado de dinero y enfrentar el consumo masivo de cocaína que sostiene el negocio. Sin demanda no hay oferta. Todo lo demás es hipocresía diplomática.
Y si hablamos de violaciones sistemáticas de derechos, la coherencia exige mirar también hacia el norte. Donald Trump debería ser el primero en rendir cuentas ante la justicia: por las denuncias de agresión sexual, por la persecución de migrantes capturados en las calles por ICE, por el asalto al Capitolio, por la normalización del autoritarismo como espectáculo político. La impunidad, cuando se vuelve costumbre, termina exportándose.
Mientras tanto, en países como el Perú seguimos atrapados en discusiones menores: si elegimos a fulano, zutano o perencejo, como si el margen de decisión fuera realmente nuestro. Nos dicen que el voto es soberano, pero todos sabemos quiénes terminan inclinando la balanza: los intereses estadounidenses y las élites económicas locales. Lo ocurrido recientemente no es solo grave; es obsceno.
“No jueguen con este presidente”, advierten algunos, con tono solemne. Pero la realidad es exactamente la inversa: es el presidente quien puede jugar con quien le venga en gana, sin controles reales, sin contrapesos efectivos, sin consecuencias. Y nosotros, espectadores disciplinados, seguimos discutiendo nombres mientras otros deciden el tablero.
Tal vez el verdadero problema no sea a quién elegimos, sino cuánto estamos dispuestos a tolerar antes de llamar a las cosas por su nombre.
@pagamegenaro Qué vergonzosa la participación de Cristian Rivero en la Teletón. Comunicador con años y años de experiencia poniéndose a llorar enfrente de niños y padres, quienes miran asombrados su accionar, ya que están hartos de que los miren de manera diferente.
Qué vergonzosa la participación de Cristian Rivero en la Teletón. Comunicador con años y años de experiencia poniéndose a llorar enfrente de niños y padres, quienes miran asombrados su accionar, ya que están hartos de que los miren de manera diferente. #teleton_peru