@guardianscul < del carisma que siempre ha brillado en Karu. No quiere más enemigos, no puede más, y no encuentra la forma de romperse para salir a la luz y volver a vivir—.
—Allá va, no lo soporta más. Lleva días ignorando ese pelo asqueroso que crece en la cara de @guardianscul. Lo odió en su día y lo sigue odiando ahora. No habrá un maldito día en el que entienda que el bello que le crece en la cara es una: ¡Mierda! Y le queda horrible.
>
@guardianscul < sin rechistar.
Que estupidez convertir los bigotes en su mayor enemigo. Es una idea que, ahora, le empieza a resultar tonta; tan minúscula como su propia existencia—.
Estoy cansado —confiesa por primera vez, aunque las palabras no vayan cargadas de emoción. El tono carece >
@guardianscul < condición que no había vivido nunca, incluso en presencia de alguien a quien ha amado.
Quiere volver a tener otro enemigo. Mejor aquel bigote horrendo y no sus propios demonios—.
Creo que se te va a hinchar la cara —desvía la conversación con la voz por poco temblorosa—.
@guardianscul < demasiado cerca y el propio se debate entre la ira y el asco ante la falta de control. Aún le cuesta poder sentir el tacto con normalidad, dejarse tocar sin desear arrancarse la piel, y la respiración del nefilim se vuelve pesada en el pecho. Odia sentirse así, seguir con una >
@guardianscul < olvidado lo que es sentirse complacido—.
Buenas noches —y nada más antes de empezar a moverse. Ya no tiene más razones para seguir ahí—.
@guardianscul < sobre su piel—.
A tomar por el culo —y le suelta con ligera brusquedad.
Saca una daga del cinturón de entrenamiento y lo dirige hacia sus extremidades. La sonrisa sagaz aún reluce sobre sus labios cuando corta sus agarres. Los chillidos ajenos, música para sus oídos. Había >
@guardianscul < caer contra la frente de Touya, golpeándole con fuerza. No le permite reaccionar para rechistar o defenderse antes de pegar la tira sobre su bigote. Pasa el pulgar por encima, afianzando el agarre de la cera fría contra el pelo oscuro.
Y, entonces, tira hacia arriba, las >
< seleccionado es su propio método de tortura: la cera fría. Frota la tira entre las manos, la sonrisa y los ojos brillando con maldad y expectación—.
< extremidades zurdas no alcanzan el otro lado, pasa directamente a sentarse encima de su abdomen como si el peso de su cuerpo fuese suficiente para inmovilizarle del todo.
Al fin y bendita sea la runa de visión nocturna. Es un hijo de puta, por lo que la herramienta que ha >