No estoy listo.
Y sinceramente, nunca voy a estarlo.
Porque aceptar que llegó el último baile de Lionel Messi es aceptar que también se termina una parte de nuestra vida.
No es solamente una Final del Mundo.
Es el cierre de la historia que marcó a toda una generación.
Dios Padre nuestro, guiá cada paso de nuestra Selección esta noche. Que el Dibu ataje todo, que el Cuti y Licha sean un muro, que Julián encuentre el gol, que Messi nos ilumine con su fútbol y que todo el equipo juegue con fuerza, unión y corazón, protegido de todo mal. Bajo el amparo de Nuestra Señora de Luján.
Amén.