Últimamente —y de manera inesperada— me encuentro más inclinado hacia mi gusto por las mujeres. Influenciado completamente por una en concreto que no soy capaz de sacarme de la cabeza.
Sería el hombre más feliz del mundo si es que acaso se te cruzara la locura, la idea necia de creerme merecedor de un lugar a tu lado. Si es que algún día te levantaras con la dicha y la imprudencia de querer que un insensato como yo fuera tuyo por el resto de su vida.
Debería de expulsar todo lo que he estado reprimiendo durante estas semanas en notas, volverlo [otra vez] un hábito. Hay muchos pensamientos que no me dejan realizar algo tan simple como es dormir. Necesitaré plasmarlos, supongo.
Por supuesto que te haré daño.
Por supuesto que me harás daño.
Por supuesto que nos haremos daño mutuamente.
Pero esta es la condición misma de la existencia.
A veces me pregunto si tendré un stalker [no]. Una persona atenta a mí, sin siquiera haber intercambiado palabra, aferrada a la posibilidad de cruzarnos en un futuro.
Observo a Andrómeda y puedo confirmar que esa felina es idéntica a mí. En cambio, cuando miro a Churro, me replanteo plenamente la procedencia de su torpeza y rebeldía desmesurada.