subordinación.
No hubo palabras.
No había nada que Capitano pudiera decir para ser perdonado por esta insurgencia. Era libre de ir, como había era libre de castigarlo.
Su rostro giró bruscamente y miró de reojo a la emperatriz, con la furia enjaulada en su mirada. La mandíbula, apretada, también era prueba de esto en la tensión de su rostro.
Respiró profundamente y de manera absolutamente calculada, con el fin de no provocar una ira mayor >
—Otra desagradable sorpresa se llevaba la deidad, girando el rostro cuando sintió la fuerza en su brazo. La mirada se deslizó desde la mano enfundada con el guante negro hasta la máscara que cubría el rostro del heraldo. La sorpresa empezó a desaparecer, el horror a (c)
que la suya; la ajena.
La sensación burbujeante en la mejilla no se iba con el paso de los segundos y su primer instinto era llevar su propia mano a la cara, para frotarlo, pero no lo hizo. Se contuvo y se agachó a coger su máscara y agachó la cabeza como una muestra de >