Un poderoso mensaje transmitido por un pésimo cantante y un bailarín mediocre, sostenido no por su talento individual, sino por un aparato musical sólido, sofisticado y potente. Eso no quita que lo que dijo no sea real, somos un continente, no solo un país.
Lo más irónico de toda la justificación sobre la presentación de Bad Bunny es escuchar a gringos que no hablan Español, decirnos que si no nos gusta cómo canta es porque hay distintos tipos de español, como si no lo supiéramos.