Voy a contar una anécdota personal.
Siendo joven y soltero, trabajaba de portero en un local. Mi mejor amigo estaba liado con una de las camareras. Al cerrar un día nos fuimos a Punto3 (los de la Coru sabréis dónde era): él, su rollete, una de las chicas que trabajaba allí (que era un bellezón) y yo.
Ya entrada la mañana, mi amigo y su “novia” se fueron a hacer sus cosas y nos quedamos la otra chica y yo. Le dije si quería venir a casa a desayunar, porque había hecho tarta de queso el día anterior (que me sale que flipas). Aceptó.
Por la tarde me llamó mi amigo descojonándose: «¿Qué has hecho, loco?». Me explicó que las chicas habían estado hablando y que mi invitada estaba indignada. Al parecer la chavala no tenía el menor interés en la tarta de queso… básicamente esto es lo que pasó. Desayunamos y le dije si quería que la acompañase al taxi (por ser caballero). Se ve que alguna indirecta me había estado lanzando… a día de hoy no sé cuáles, pero al parecer sí.