Posiblemente sigues mi cuenta pero hace mucho que no te aparece ningún tuit mío.
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El primer partido de La Liga lo juega el vigente campeón, en su casa y con el trofeo presidiendo. Pasillo del rival.
18 equipos (34 jornadas). Más descanso y facilidad para posponer un partido.
El mercado de fichajes cierra antes del inicio de La Liga.
Días y horarios de partidos definidos el mismo día del sorteo.
Sorteo puro sin condicionantes.
Los árbitros dependen a tiempo completo de un organismo pagado y gestionado por todos los equipos de La Liga por igual + aportación de la RFEF para Copa y Supercopa.
Publicación de audios VAR de cada partido al completo.
Ruedas de prensa de equipo arbitral tras cada partido, después de las de ambos entrenadores.
Reparto televisivo igualitario del 80% y reparto por clasificación del 20%.
En la venta de derechos televisivos, obligación por contrato a diseñar productos donde se puedan ver todos los partidos de cada jornada sin obligación de contratar ningún otro producto.
Un partido en abierto cada jornada
Los filiales no pueden jugar en segunda división.
Ningún partido de La Liga puede disputarse fuera de España salvo motivos de fuerza mayor.
Partidos en sábados y domingos.
Precio de entradas para aficiones rivales fijadas desde el inicio de la liga.
Jornada retro ambientada en una temporada concreta.
Supercopa a partido único entre campeón de Copa y campeón de Liga. Si es el mismo, se le otorga el título de la Supercopa sin disputar partido.
Supercopa de España en España, obvio.
La Final de la Copa del Rey se juega después del final de La Liga. La Supercopa de España, la siguiente semana.
¿Qué más o qué no?
@SevillaFC A ver si puede ser por favor que se prohíba fumar en el estadio,mi hija de 4 años no tiene porqué tragarse el humo del tabaco y de ningún vapercito que echan más humo que un barco de vapor…
Muchas gracias al @elcorreoweb >>>Los hilos del miedo del cordobés Salvador Gutiérrez llegan a Prime Video: "La publicación de 'El Garaje' tuvo más de diez millones de lecturas y me habló gente de todo el mundo" https://t.co/1KzDc2WAHp a través de @elcorreoweb@sonypictures_es
Se hacen eco en @Variety, una de las grandes publicaciones del mundo audiovisual, de la adaptación de mis hilos a la pantalla>> Sony Pictures Sets Viral X-Inspired Short-Form Thriller ‘Los Hilos del Miedo’ at Prime Video Spain https://t.co/HSz5cSxCph @variety@sonypictures_es
🇦🇷 Alguien ha hecho un resumen de 13 minutos con todas las acciones sucias de los argentinos en la final.
Vídeo de jugar al fútbol no hay, eso sí. https://t.co/g8ReZ2cWCO
Usas el mismo correo para el banco, Amazon, Netflix, el trabajo y hasta para registrarte en una web random.
Resultado: una bandeja con miles de mensajes imposibles de encontrar.
GMAIL TIENE UNA SOLUCIÓN QUE CASI NADIE USA ⬇️
¿Por qué las selecciones de Alemania, Holanda, Italia, Ghana, Australia, Venezuela, Japón y Uruguay visten con colores diferentes a las banderas de sus países?
Te lo cuento en este hilo: 🧵
HACE 40 AÑOS, EL ESTADO ESPAÑOL DECIDIÓ TRANSFORMAR SEVILLA
En apenas unos años se construyeron siete nuevos puentes sobre el Guadalquivir, se levantó un nuevo aeropuerto, se modernizó el puerto, llegó la alta velocidad ferroviaria, se ejecutaron nuevas rondas de circunvalación y se desarrollaron infraestructuras que cambiaron para siempre la ciudad y su área metropolitana.
Aquella generación entendió que Sevilla era una pieza estratégica para el sur de España y actuó en consecuencia.
Las imágenes que acompañan este vídeo muestran aquella ciudad en plena transformación. Una Sevilla que crecía, avanzaba y se preparaba para afrontar el futuro.
Cuarenta años después, la pregunta es inevitable.
¿Dónde está hoy aquella ambición?
Porque Sevilla continúa creciendo. Recibe millones de visitantes, aumenta su área metropolitana, amplía su actividad económica y consolida su posición como una de las grandes capitales del sur de Europa. Sin embargo, mientras otras ciudades siguen recibiendo inversiones estratégicas y proyectos de Estado, Sevilla acumula retrasos, promesas incumplidas y decisiones aplazadas.
La ciudad necesita nuevas infraestructuras ferroviarias, mejores conexiones aeroportuarias, una modernización profunda de sus accesos, una apuesta decidida por su puerto y una planificación metropolitana capaz de responder a los desafíos de las próximas décadas.
Y lo que necesita, sobre todo, es que las administraciones vuelvan a considerarla una prioridad. Porque no es razonable que una de las principales áreas metropolitanas de España siga esperando inversiones que llevan años anunciándose sin materializarse.
No se trata de nostalgia.
Se trata de exigir el mismo compromiso que hizo posible la transformación de Sevilla hace cuarenta años.
Las infraestructuras que hoy utilizamos fueron el resultado de una visión de futuro. La prosperidad de las próximas generaciones dependerá de que exista una nueva visión semejante.
Hace cuarenta años se construyó la Sevilla moderna.
Ha llegado el momento de reclamar y construir la Sevilla de los próximos cuarenta años.
Juan Lebrón
En medio de tanta mierda como vemos a diario, en la España de la corrupción, el nepotismo y las desigualdades, todos los días ocurren cosas como esta… aunque no abren portadas.
https://t.co/tf0JDZD4BU
Está todo el mundo hablando de La Casita de Bad Bunny pero tengo la sensación de que casi nadie sabe su historia y su genealogía, lo cual es un poco perverso porque la historia de La Casita es tan intrincada como una peli de terror psicológico.
La cosa —y la casa— tiene un principio, que está en Long Island en 1947. Allí un tipo llamado William Levitt miró un campo de patatas y vio, en lugar de patatas, el futuro de la clase media estadounidense, que para él tenía forma de diecisiete mil casas iguales. Literalmente Iguales.
Levitt había aprendido en la Marina a construir barracones a toda velocidad y aplicó la misma idea al baby-boom de posguerra: dividió la construcción de una casa en veintisiete pasos, puso a un hombre a hacer solo el paso nueve durante el resto de su vida natural, y empezó a escupir viviendas a razón de una cada dieciséis minutos. El que ponía los grifos no sabía clavar un clavo y el que clavaba no había visto un grifo, y entre todos, sin que ninguno entendiera la casa entera, levantaron un suburbio del tamaño de una provincia. Se llamaba Levittown.
Que tú dices pues muy bien, vivienda barata y rápida. Y sí, eso lo era. Y racista también, porque el contrato de esas casas idénticas incluía una cláusula que prohibía venderlas a cualquiera que no fuera de raza blanca. Estaba escrito. Con tipografía. O sea, la utopía de la clase media pero no me pongas negros ni hispanos cerca.
Así que tanto Levittown como todas las urbanizaciones que se construyeron en las afueras, también las que no tenían la cláusula explícita, se llenaron de blancos que huían de las ciudades —esto tiene nombre técnico, White Flight, la fuga blanca, que suena a maniobra militar y en el fondo lo era— dejando los centros urbanos a quienes no podían comprar un chalecito. El resultado fue un paraíso siniestro de céspedes idénticos donde todo el mundo era exactamente igual porque por contrato no podía ser de otro modo.
Unos quince años después, un funcionario de Puerto Rico se fue a Toa Baja, al norte de la isla, y desplegó sobre una mesa los mismos planos. Otro Levittown. La promesa de la clase media estampada en hormigón, y todo dentro de algo llamado Operación Manos a la Obra, donde las manos eran las de los boricuas y la obra de los gringos.
Aquí no había cláusula racial porque sería algo absurdo en un lugar tan mezclado como Puerto Rico y, claro, también porque en la isla la exclusión funcionaba por canales económicos, no por los del color de la piel. O no solo. El caso es que el módulo de Levitt entró y dentro de cada casita idéntica un puertorriqueño se instaló a desear exactamente lo que un señor de Long Island había decidido que un estadounidense debía desear.
Pasan sesenta años. La arquitecta Mayna Magruder Ortiz mira una vivienda real en Humacao, ahora al este de la isla, mira los planos de Levittown, y hace lo que hacen los arquitectos, que es copiar. Según algunas revistas de arquitectura, Mayna Magruder combina la herencia del XIX con la urbanización de posguerra, pero el resultado es una casa que está por todo Puerto Rico. Rosa pastel. Cornisas amarillas. Sillas de plástico monobloc, las que pesan ochocientos gramos y aguantan a un obispo, las que tu tío apila de seis en seis al final de la fiesta, el grado cero de la civilización con clima benévolo. También tiene la misma cubierta plana, salvo que aquí no es tejado sino un sitio para bailar, porque alguien decidió en una reunión que esa cubierta que durante toda la historia de la arquitectura caribeña sirvió para no morir bajo la lluvia, fuese ahora un escenario con aforo.
Pero lo que más conocemos todos es el balcón con marquesina. El balcón de la casa obrera puertorriqueña era el órgano social de la vivienda, el sitio donde se enfriaba la cerveza, se vigilaba al vecino y se conspiraba contra el casero, el único lugar donde la clase trabajadora hacía la cosa verdaderamente subversiva, que es estar junta sin pagar entrada.
En La Casita de Bad Bunny el balcón también tiene aforo. Quince personas. Y las quince son Ester Expósito, Los Javis, Lamine Yamal, una cantante llamada Judeline cuyo nombre se evapora a mitad de pronunciación, influencers cuya influencia también está en proceso constante de evaporación, además de unas cuantas chicas desconocidas, blancas y europeas pero disfrazadas de caribeñas a las que un ojeador —y la palabra es exacta— ha elegido para que puedan competir entre ellas por quién sale más segundos en las pantallas gigantes, cinco, trece, veintiuno. Ah, y Marta Ortega, presidenta de Inditex, que baila dentro de la réplica de una casa de clase trabajadora mientras por los altavoces suena un tema sobre la gentrificación de la isla, sobre la mudanza forzosa, sobre la bandera celeste de los independentistas, y nadie en el estadio detecta el cortocircuito porque no hay cortocircuito, el aparato fue diseñado para que la crítica del aparato circule por sus propias cañerías sin tocar jamás una pared.
Y así, la marquesina donde el bisabuelo no tenía dónde caerse muerto es hoy el lugar más caro del universo al que no puedes comprar entrada, porque no se vende, solo se concede, que es la forma final del lujo, el lujo que ni siquiera te deja la dignidad de pagarlo.
En 1967 —poco después de la Operación Manos a la Obra— Guy Debord dijo que la sociedad contemporánea no era una sociedad basada en la imagen, sino que era una sociedad *que es* imagen. La Casita es esa frase hecha hormigón rosa. La sociedad del espectáculo ha localizado una cosa sin mercantilizar —la nostalgia del barrio, la silla de plástico— y la ha mercantilizado tan a fondo que la ha construido a escala 1:1, la pasea por cuatro continentes y te cobra cien euros por verla de lejos y ni siquiera te das cuenta de qué es eso que ves de lejos.
El espectáculo ha engullido la historia de La Casita, la ha digerido, la ha metabolizado y la ha regurgitado convertida en lo que siempre devuelve el espectáculo después de comer, que es más espectáculo.
Cuando las cantantes cantaban sin autotune lo que ellas componían sin ayuda de la IA, casi sin maquillaje, un bluejean y sin necesidad de mostrar la ropa interior….. solo talento…
Este sábado el Río será un reflejo de lo que hoy es Sevilla.
El cauce fotogénico alquilado a una multinacional.
Por el otro cauce subiendo narcolanchas.
Y los sevillanos atascados en el Puente del Centenario, con obras interminables por corrupción e incompetencia de los políticos