El edificio pelicano en playa grande colapsó y hay gente viva atrapada y no ha llegado ayuda, mi hermano es de la tercera edad y tiene su esposa atrapada ahi y está desde syer esperando ayuda @dcabellor@delcyrodriguezv@Guairadigital@alteran13
🇻🇪| SALE UNA REFLEXIÓN LARGA👇
Siento que me corresponde ser un poco más claro respecto a mis opiniones y sobre todo mis emociones en cuanto a Venezuela.
Quiero dejar algo perfectamente claro, a mi me hubiera gustado que esto se terminara NO SOLO "de otra forma", sino mucho antes.
Me hubiera gustado, para empezar, que Venezuela siempre hubiese sido una democracia y que Hugo Chávez (que llegó al poder engañando a mucha gente decente y verdaderamente interesada en un cambio positivo para su país) hubiera cumplido sus promesas.
Descartando eso, me hubiera gustado que Maduro hubiera admitido la derrota legislativa en 2015, se hubiera producido el revocatorio, y (tras la obvia derrota que iba a sufrir) hubiera entregado el cargo a un sucesor electo.
Si no lo hacía, me hubiera gustado que un masivo movimiento de protesta como el de 2016-17 lo hubiera desalojado del poder. De ese período conocí a un chico venezolano en un foro gamer que hoy debería tener mi edad y no nueve años de muerto.
Me hubiera gustado que Oscar Pérez hubiera podido construir una oposición armada interna exitosa, no habiendo de otra. O quizás, habiendo de otra, me hubiera gustado que se hubieran celebrado elecciones competitivas en 2018, porque nadie discute que Maduro las hubiera perdido. En su extremo defecto, que la movida interna de Guaidó hubiese salido bien en 2019.
Finalmente me hubiera gustado que los Acuerdos de Barbados se respetaran y que las elecciones de 2024 hubieran sido limpias. Me hubiera gustado que se hubiera permitido a Machado ser candidata. Me hubiera gustado que no pasaran meses de incertidumbre.
Y finalmente, me hubiera gustado que la noche del 28 de julio de 2024, Nicolás Maduro hubiera tenido un mínimo, un miserable toque de decencia humana de comparecer para hacer lo que debía hacer: felicitar públicamente a Edmundo González por la paliza que le pegó y disponer una transición.
O incluso luego de haber hecho todo lo que hizo, cuando quedó claro que la situación para ellos había cambiado para siempre, podría haber aceptado la realidad y dispuesto la transición igual, con toda la estructura dictatorial a su favor para imponer concesiones. Visto y considerando su situación actual, estoy segurísimo de que hoy mismo él y su esposa pensaron igual.
Me hubiera gustado que Maduro fuese derrocado por medios internos y, sobre todo, de la forma más pacífica posible. Pero no ocurrió.
Lo que sí ocurrió fue que en las últimas décadas fueron ejecutadas cerca de 20 mil personas. Fueron exiliados de sus hogares nueve millones de venezolanos, equivalentes a un 30% de la población, la crisis de refugiados más grave de América.
Ocurrió que fueron desaparecidas, secuestradas y torturadas miles de personas, que siguen hoy languideciendo en las cárceles de Maduro, con aún menos garantías que las que tendrá el dictador en Estados Unidos.
Ocurrió que perdieron una elección por más de 37 puntos y, aunque las pruebas de su derrota estaban delante de los ojos de toda la Tierra, se atrevieron a intentar robársela de la manera más burda posible.
Eso ocurrió. Sucedió. Aconteció. Tuvo lugar. Pero para varios solo existe lo que ocurrió hoy. Las únicas víctimas son Maduro y el puñado de bajas del operativo de Trump. No existieron las decenas de miles anteriores. No existió el horror y el desastre de dos décadas.
En sus pequeñas mentes privilegiadas por la lejanía los detalles pueden no existir. Pero para mi no puede ser así.
Ocurrió que lo único que Maduro no pudo evitar fue lo que pasó hoy, pero podría haber evitado que todo lo anterior ocurriera y no lo hizo. Y por eso el único culpable es él.
Oí a mi novio llorar de bronca, frustración y dolor la madrugada del 29 de julio, y envejecí diez años. Esta mañana lo oí llorar de alegría mientras jadeaba de sorpresa por ver a Maduro, finalmente, fuera de su vida. Y me devolvió años de vida. Me hizo sentir que valía la pena.
Sé que en las últimas horas he roto algunas actitudes más institucionales que suelo mantener con la cuenta. Y tampoco tapo el sol con un dedo. Comprendo los motivos válidos para el recelo de muchos de mis amigos y colegas de la academia, a quienes respeto y quiero demasiado.
Lo que no puedo entender es la indolencia, el odio y la prepotencia con la que algunos se atreven a hablarle a los venezolanos o a los que estamos personalmente implicados. ¿Me dejo llevar por mis emociones? Sí, pero son emociones válidas. Vos te estás dejando llevar por dogmatismos que a nadie benefician.
Todavía falta aguantar muchas cosas. Falta ver y toca esperar por la resolución de esta situación. Sin embargo, es imposible no sentir que estamos un paso más cerca, aún si no se da en las circunstancias que tanto quisieramos.
Nada ni nadie puede borrar de mi cabeza estos dos años (que para mí han sido décadas mentales) y por tanto nada ni nadie va a hacer que me arrepienta de alegrarme por mi pareja y por un pueblo hermano que tanto cariño me ha dado y al que hoy día siento como mío.
Si no te gusta, el libro de quejas está en el "unfollow", pero te puedo mostrar la salida si te parece.
Te amo inmensamente✅
Sos libre ⌛️
Vamos a estar juntos
Vamos a ser felices
Va a ser en Venezuela 🇦🇷💞🇻🇪
Como muchas personas, mi corazón está a la izquierda. Siempre he votado por alguna variación de ella. Mi forma de entender el mundo tiene raíces profundas tanto en el marxismo como en sus críticas desde la misma izquierda, de Camus a Orwell. Pero descubro que lo que me separa de la izquierda oficial —o al menos de su versión tuitera— es precisamente el corazón.
Porque soy de izquierda, mi primer impulso ante la caída de Maduro es una alegría visceral. No por quien la provocó —Trump no despierta en mí ninguna simpatía— sino por los millones de venezolanos que llevan años huyendo de una parodia grotesca del socialismo. Por las madres que no han visto crecer a sus hijos. Por los profesionales manejando Uber en Santiago. Por los que murieron cruzando el Darién.
La izquierda que conozco en Twitter piensa al revés: primero el antiimperialismo, después la soberanía, luego la no injerencia, y al final —si queda espacio— los venezolanos. Como si el principio de no intervención pesara más que los cuerpos torturados en El Helicoide. Como si los derechos humanos del tirano importaran más que los de sus víctimas.
Este reflejo automático se repite en cada crisis. En Cuba, la corrupción dinástica de los Castro siempre pesa menos que el embargo. Cuando las iraníes se quitan el velo y enfrentan a los mulás, la izquierda busca primero denunciar a la CIA. Cuando quemaron el metro en Santiago, había que entender la rabia antes que lamentar a la cajera que no pudo llegar a su trabajo. No importa que los mulás ejecuten homosexuales, que los muyahidines lapiden mujeres, que los Castro encarcelen poetas: si están contra Estados Unidos, merecen comprensión.
Entiendo el razonamiento. Conozco la historia de las intervenciones, los golpes de Estado, la Escuela de las Américas. Sé que Estados Unidos no regala nada y que Trump es un personaje siniestro. Pero lo que no puedo entender es la ausencia de emoción humana elemental. Esa frialdad doctrinaria que no se conmueve ante los videos de venezolanos llorando de alegría en las calles de Caracas. Que no siente nada ante las iraníes cortándose el pelo en señal de rebelión. Que siempre tiene un "pero" listo antes que un abrazo.
Preferiría, por supuesto, que los venezolanos hubieran derrocado solos a su tirano. Pero sé —porque la historia lo enseña— que pocas dictaduras caen sin alguna forma de presión internacional. La chilena no lo hizo. La argentina tampoco. La española menos. Y de todas las salidas posibles después del fraude brutal de julio, esta es de las menos sangrientas.
Hoy los venezolanos celebran. Las calles de Caracas se llenan de una esperanza que creíamos muerta. Y yo, que sigo siendo de izquierda precisamente porque creo en la dignidad humana antes que en las abstracciones geopolíticas, celebro con ellos.
Mañana habrá tiempo para analizar, criticar, contextualizar. Hoy, solo hoy, déjenme sentir esta alegría sin pedir permiso al manual del buen antiimperialista. Déjenme poner el corazón donde siempre debió estar la izquierda: del lado de la gente, no de los mapas.
🇻🇪 | EN VIDEO
El rapero cubano, Al2 El Aldeano y Raymond Daniel le dedican un tema al dictador Nicolás Maduro y al pueblo de Venezuela.
Apoyen el vídeo en el canal de YouTube del artista: https://t.co/nSJvblpyBB