podré casarme, tener hijos, encontrar al amor de mi vida, conseguir el trabajo de mis sueños, ganarme la lotería y jamás se va a comparar con el día que vi a Taylor Swift por primera vez.
Cuando llegas a tu casa, entras a tu habitación y se te ponen los ojos llorosos porque tienes tantas cosas en la cabeza que no sabes cómo gestionarlas y ya ni sabes qué hacer con tu vida. Es horrible sentirse así.
Me pesa cuando la rutina adulta me absorbe tanto que ya no queda espacio para lo que amo; y cuando por fin hay tiempo, el cansancio mental y físico es tan grande que lo único que quiero es silencio y cama.