no hemos coincidido ni una sola vez en ningún lugar desde que nos despedimos, ni tú pertenecías en mi mundo ni yo en el tuyo, y así debieron ser las cosas siempre.
“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”
Romanos 8:38