Y ella es de las caras conocidas, ¿verdad?
Alexia reconoce a Kevin también. Bueno, a su espalda, espalda que no duda en asaltar como un gato salvaje.
— ¿Que bebes? ¿Otro Monster de esos?
de que la otra no lo supiera, alzando el dedo índice como si de una clase importante se tratara.
— ¡Lo que es raro para ti no lo es para mí! Y viceversa.
|| Ismérie
Por norma general era muy difícil pasar por desapercibida a Alexia, quien siempre tenía algo para decir o hacer en cualquier momento y frente a cualquier persona. Es como si la vergüenza, para ella, no fuera más que una palabra sin significado que ocupaba espacio en el
diccionario.
— ¿Hm?
La expresión que le dedica no pasa por desapercibida, ¡vamos! Que la conoce muy bien; que le diera la importancia propicia era ya otra cosa.
— Ese club raro... ¿Cuál de todos? La rareza es un término muy subjetivo, ¿sabes?
Indicaría la rubia en caso
— Pues haberlo dicho antes y no te hubiera dado, hombre. Con lo difícil que es hacerse con uno de estos.
Se quejaría ella, volviendo a erguirse después
— Para la próxima lo tengo en cuenta y pido de chocolate negro. Con tal de que me des la razón yo me arriesgo.
Hala, tampoco tenía que reaccionar así... Ya que él bromeaba, ¿por qué no iba a hacerlo ella también? Y luego dicen que las mujeres son unas sensibles y nosequé.
— ¡Ayayayay!
Rápido es que se apartó, llevándose una de las manos a la coronilla donde
fue atacada, morros abultando. La incomodidad era clara, aunque le resultaba mucho más desagradable la forma en la que le miró.
Jopetas.
— ¡Es que no dejas de darle bombo al tema! Joer...
Se acaricia, se acaricia. Le pica un poco, pero lo mismo eso no es ni culpa de Evan.
rubia se acerca al cacharro, da los golpes mágicos que el propio Evan recitó cuál hechizo malvado y... clanck.
— Tiene que asustar a los duendes. O pedir que arreglen las máquinas, una de dos.
|| Caius
En su defensa dirá que el profesor no es lo más interesante que se ha cruzado a lo largo del día, pero parece de una condición llamada medistraigoconcualquiercositis que le obliga a pararse a observar siempre que algo fuera de lo normal ocurre.
O normal, en realidad.
— Algo
— así. Peeero yo tengo la teoría de que unos duendes mágicos se han colado dentro y roban las monedas antes de que la máquina las procese.
O los billetes, como sea. El caso es que esos duendes son un problema y hay que erradicarlos.
En lo que habla la
— Si lo digo es porque lo creo, no seas tonto.
Con el ceño arrugado es que responde, dándole un leve puñetazo frustrado sobre el brazo, aunque sin ejercer demasiada fuerza.
Tras eso retoma la comilona. Diría que su aporte no le ofende, que no lo hace, pero sí le medio
— Sé lo que me digo, que soy la galletera de la uni.
Es muchas cosas, pero galletera concretamente... lo que menos. La repostería no es que se le dé muy bien, pero le resulta lo suficientemente divertido como para seguir intentándolo.
La galleta parte en un cuarto, cuarto
Observa con cierta curiosidad la batalla silenciosa que el maestro estaba teniendo con la maquina de aperitivos, manteniendo su propia galleta entre los labios.
No sabe mucho de combates, pero teniendo en cuenta la falta de reacción del robot y la exasperación
del hombre, es la máquina quien va ganando.
Y siente que esto puede envejecer super mal.
— Profe, tienes que---.
Bueno, Evan se le adelantó en ese sentido, así que seguirá mirando.
— La maquina da tantos problemas que algunos le hemos puesto un apodo. Por eso de que tiene
¿No tenía una hermana por ahí? A veces verlas juntas resultaba confuso... pero más lo era encontrarlas por separado.
— ¿Hoy quién eres?
Pregunta pues cuando se la cruza. Y para no... si es que compartían camino y dirección.
— ¿Rem o Ram