—Asintió con una sonrisa grande y luego tomó el pulgar ajeno con todos sus dedos suavemente. —Quiero que sepas que no importa si no puedes, mami. Tengo muchos otros juguetes que amo también.
—Con un poco de esperanza, la rubia corrió a pasos pequeños hacia su habitación, tomó el juguete y regresó a la sala de estar con el mismo en manos, alzándolo en alto para entregarle las dos partes a la mayor que la miraba desde arriba—.