UNO: INTERNACIÓN VOLUNTARIA
Tengo 24 años. Esto sucedió en Buenos Aires en el invierno de 2019, cuando tenía 20. Tuve una relación muy extrema con un tipo 10 años mayor y me juró que nunca iba a encontrar a alguien que me quisiera como él. Estuvimos unos meses de novios y luego me dejó, porque tenía una relación paralela con una vecina.
El hecho me liquidó y caí en una depresión terrible. Quería superarlo y no podía. Me había manipulado mucho. Por un mal uso de medicación indicada para reprimir pensamientos rumiantes, miedos e instintos, terminé con una internación voluntaria en una clínica psiquiátrica. Necesitaba dejar el clonazepam.
Cuando entré a esta clínica ubicada en el barrio porteño de Flores, empecé a vivir un sinfín de situaciones paranormales y escalofriantes. Es increíble la energía que había en ese lugar durante el día, y especialmente en la noche, cuando todo se volvía mucho más oscuro y retorcido.
Entré al establecimiento muy lúcida. Me daban antidepresivos y neurolépticos para bajar la hiperactividad cognitiva, es decir, los pensamientos repetidos sobre situaciones fuera de mi control que me angustiaban. Pero no me sentía apagada o disminuida: sabía todo lo que pasaba y estaba alerta.