Hay decisiones que al principio se sienten pesadas, pero algún tiempo después recién te das cuenta de que esa decisión de entonces en realidad nos salvó de un montón de cosas innecesarias.
La miseria no es un altar ni la carencia es honradez.
No es más santo el que menos, ni más sucio el que más: el dinero no te cambia, nomás te quita el disfraz.
Un señor un día me dijo:
Si alguien prefiere perderte antes que cambiar su propia conducta, entonces ya tienes la respuesta que necesitabas.
Y eso me hizo reflexionar…