Nos pasamos la vida con miedo. Miedo a equivocarnos, a no estar a la altura, a dar un paso en falso y que todo se derrumbe. Nos enseñaron a temer el error, como si tropezar fuese el fin del mundo y no solo parte del camino.
Así que dudas. Te quedas ahí, en la orilla, viendo cómo otros se lanzan mientras tú sigues pensando en todo lo que podría salir mal. Y qué ironía, porque en ese intento de protegerte, terminas atrapado en un lugar donde nunca pasa nada.
Opositar tiene mucha valentía porque es confiar en ti día a día. Es un acto de fe, una decisión consciente de entregar tu mente, tu vida, tu tiempo, tus emociones y lo haces sin tener garantías, a pesar de todo lo demás, solo porque crees que lo lograrás.