Ladeó la cabeza, no entendía nada, y mucho menos, por qué era un flamenco.
Se ha quedado unos segundos observando como dobla la pata, lo siguiente que sería, ¿qué escondiera la cabeza?
+ los estudios si no, todos se podría imaginar que Jotaro siempre llevaba buenas notas, aunque tampoco es que estudiara mucho.
Terminó por observar lo que hacía en su cama y sin mucho problema caminó hacía ella para sentarse en el borde, seguramente luego terminaria tumbándose.
Sabía lo que haría el pelirrojo al entrar a su habitación, o sea, observar todo el desorden que había dentro de este. Sí, podría haber arreglado antes su habitación, y más sabiendo que iba a venir, pero fue algo que no pasó por su cabeza, estaba acostumbrado a que el foráneo +
+ fuera testigo de lo poco responsable que solía ser con su cuarto, era algo que en los meses que no se habían visto, no había cambiado.
— ¿De verdad no tienes nada más que contar? Una lástima. Espero que lleves notas altas, al menos.
Es capaz de ofrecerse a ayudarle con +
+ talones para dirigir su mirada, de nuevo, a él. Se encogió de hombros, no tenía mucho que contar.
— No tengo mucho más que los estudios. ¿Y tú? ¿Algo nuevo?
Se asomó a una de las habitaciones que habían de camino a su habitación para asegurarse que su madre no estaba y no iría a incordiar a los jovenes. Tampoco tardaron demasiado en llegar a la habitación, abriendo aquella puerta de papel.
Al entrar terminó por girarse sobre sus +
+ molesta. Date prisa, que ya sabes dónde está mi habitación, aunque te estoy guiando.
Pequeño problema de tener una casa tan amplia, pero sabía por donde ir para evitar a Holly.
— ¿Te gusta que ya me afeite? Quién lo diría. — Se encogió brevemente de hombros sin poder apartar una pequeña sonrisa de sus labios. Metió sus manos en los bolsillos de su gabardina y comenzó a caminar hacía la habitación.
— Yare yare. Que pereza me da cuando mi madre te +
Muy en el fondo estaba algo nervioso, tanto tiempo sin verle, era lo que causaba en él. —Sí igual que siempre.
Él sabía a lo que se refería. Además, no hizo ningún amago de apartarle cuando acarició sus mejillas.
— Muy a mi desgracia, ya lo hago. Que pereza.
Mientras el joven se adentraba a su domicilio, aprovechó para observar al susodicho, de arriba a abajo. Había echado de menos ver siempre como iba vestido, había echado de menos su rostro, su aroma. Todo.
Una vez dentro, cerró la puerta tras de sí, y sin poder evitarlo sonrió +
Ni siquiera respondió a los mensajes del móvil. Fue directo a la puerta para abrirla y encontrárselo allí.
— Pasa.
Mencionó apartándose un poco para dejarle entrar.
📱: Se me había olvidado que las habías visto. En fin.
📱: Cuando llegues, se los das tú.
Negó con la cabeza, no le sorprendía para nada aquella pequeña conversación que había tenido con el pelirrojo, le había echado de menos. Ahora solo le quedaba esperar a que llegara.