El simple pensamiento de esas criaturas tan detestables la hacía fruncir el ceño. Aún así, intentó rápidamente borrar eso de su mente, retornando la amabilidad hacia el desconocido.
— ¡Haha, gracias! Yo soy Karlach, un placer también.
Hace mucho que no sentía a alguien observarla con tanta curiosidad. Intentó seguirlo con la mirada mientras daba esa vuelta a su alrededor, algo confundida.
— También existen algunas especies de tieflings con alas, pero si estaban en estatuas... Probablemente eran diablos.
+
El castaño dio una vuelta alrededor de la tiefling, con cuidado de no pisar su cola. La cual se quedó mirando con aún más curiosidad antes de regresar ante ella.
—¿Hay más? ¡Oh! ¿Los que tienen alas son de otra clase? —se cruza de brazos, inclinando un poco el rostro—. Um, +
junto con el resto de sus cosas. Ya luego podría mostrarla a los demás.
— Algo así. Todos tenemos nuestros motivos para llegar o regresar allá, y viajar juntos es nuestra mejor opción.
¿Estaba omitiendo información? Sí, pero era todo por cuestiones de seguridad.
Recibió la hoja con una de sus manos, dándole un vistazo por encima mientras respondía.
— Sí, creo que eso será lo mejor. No me gustaría vender por error algo que pudiese resultarle útil a alguno de ellos.
Dobló la página, volteándose por unos instantes para así guardarla +
Percibió su fijación y fue rápido en rasgar la página con los dedos para arrancarla. La libretita, que era mágica, se regeneró al instante, dejando dos páginas con un contenido idéntico; la arrancada y la nueva.
—Si prefieres consultarlo con tus amigos puedes buscarme más >
Se quedó pestañeando un par de instantes como tratando de procesar lo apenas dicho, pasando luego a una pose algo pensativa.
— Uhm... Hay demasiadas criaturas con cuernos. En mi caso soy un tiefling, pero no estoy segura de qué hayan podido ser esas estatuas específicamente.
—¡Tienes cuernos, @xRustyHeart! Bueno, cuerno. ¿Qué eres? En la cripta había estatuas de criaturas con cuernos, ¿eres una de ellos? —pregunta de la nada, sin aviso previo. Es que le ha recordado tanto a las mencionadas esculturas de piedra que no ha podido evitarlo.
defensa a instante, y luego observó fijamente los con hechizos, tratando de recordar qué podía resultarle útil a sus compañeros.
— De momento estamos explorando, pero tenemos como objetivo llegar a Baldur's Gate.
Comentó, mientras regresaba algunas de las joyas a su bolsa.
Se mantenía concentrada en cómo separaba cada uno de los elementos, atendiendo con especial atención a cada una de las descripciones de los elementos. En resumen, estaba intentando memorizarlos para cuando regresase a su campamento.
Se quedó con algunos de los de fuerza y +
Hacía cálculos, mayormente. Sobre el papel todo le resultaba mucho más fácil.
—Bien, porque esto que estoy colocando aquí puede incrementar tu fuerza y tu defensa —los estaba separando por tres grupos y señaló el que quedaba más próximo a ella—. Los de la izquierda almacenan >
Gesto mezclado entre sorpresa y curiosidad apareció al instante en su rostro.
— ¿Astarion te ha hablado de mí? ¿De verdad?
Por un instante casi olvidó saludar de vuelta.
— ¡Sí, sí! ¡Soy Karlach, un placer!
La sinceridad en sus palabras fue suficiente para calmar a la tiefling. Después de todo, entendía lo tentadoras que podían ser las ofertas de los diablos, pues sus existencias estaban basadas en ello. Quién sabe, quizás si sus circunstancias hubiesen sido distintas incluso +
Había sido una muy mala cuestión, sin duda. Agachó la cabeza y frunció el ceño. Agradecía en esos casos ser invidente, ya que así no tendría que ver la expresión de Karlach y sentirse peor.
“Ya— sí. Perdona, ha sido una pregunta estúpida. Sé que no debemos fiarnos de nada +
Mientras el contrario revisaba las cosas, ella se quedó también observando lo que hacía con ojos curiosos, pensando en que quizás podría descubrir o aprender alguna cosa de la situación.
— Sí, aunque de vez en cuando llevo alguna ballesta suelo ir cuerpo a cuerpo siempre que +
—Sé paciente —repuso, con distinguida amabilidad—. La mayor parte de contrariedades, como esta misma que comentas suelen ser solucionadas con el tiempo.
Advirtió el ardor que desataba, pero no demostró incomodidad ni molestia alguna.
—Nada por lo que tengas que >
puedo.
Pelear de cualquier otra manera sería un desperdicio de su fuerza, al menos bajo su punto de vista. Mientras, seguía alternando la mirada entre las notas y las joyas.
— ¡Tengo compañeros! O más bien amigos ya en este punto. Nos movemos todos juntos, sólo que yo decidí +